Cultura y sociedad
Un estudio de UCL revela que los niños con discapacidad intelectual de entornos vulnerables presentan más dificultades emocionales y diagnósticos psiquiátricos.

Los menores con discapacidades del desarrollo intelectual (IDD) procedentes de contextos socioeconómicamente desfavorecidos experimentan una mayor prevalencia de problemas emocionales y conductuales, además de reportar con más frecuencia condiciones de salud mental. Así lo determina una investigación liderada por expertos del University College London (UCL), cuyos hallazgos han sido publicados en la revista JCPP Advances.
El análisis se centró en 2.778 niños y jóvenes de entre cuatro y 25 años residentes en el Reino Unido. Los participantes formaban parte de la cohorte IMAGINE-ID ('Intellectual Disability and Mental Health: Assessing the Genomic Impact on Neurodevelopment'), compuesta por individuos cuyas IDD eran causadas por afecciones genéticas específicas, como el síndrome de microdeleción 16p11.2, el síndrome de Prader-Willi o el síndrome de Angelman, incluyendo casos con variaciones heredadas.
Para evaluar la desventaja socioeconómica, el equipo investigador utilizó tres indicadores principales: la privación del vecindario según el Índice de Múltiple Privación, la elegibilidad para recibir comidas escolares gratuitas y el nivel educativo de los padres. Al correlacionar estos datos con los cuestionarios detallados completados por los cuidadores sobre la salud y el comportamiento de los menores, se observó una clara asociación negativa.
Los resultados indican que los niños con IDD que vivían en zonas más desfavorecidas, aquellos cualificados para las comidas gratuitas y quienes tenían padres con menor formación académica sufrían más dificultades como bajo estado de ánimo, síntomas físicos relacionados con el estrés, problemas de conducta o conflictos con sus pares. Asimismo, presentaban mayores probabilidades de padecer trastornos diagnosticados, incluyendo depresión, ansiedad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y trastorno disocial.
En concreto, los menores elegibles para comidas escolares gratuitas tenían 2,5 veces más probabilidad de contar con un diagnóstico reportado de depresión mayor y 2,3 veces más riesgo de presentar trastorno disocial en comparación con aquellos que no cumplían este criterio.
Irene O Lee, autora principal e investigadora honoraria del Instituto de Salud Infantil Great Ormond Street de UCL, subrayó que las familias en situación de desventaja enfrentan obstáculos adicionales para acceder al apoyo necesario. "Nuestros hallazgos resaltan la importancia de mirar más allá de la discapacidad del niño y reconocer cómo las circunstancias familiares pueden estar asociadas con su salud mental", afirmó Lee. La experta señaló que mejorar el acceso a servicios adecuados de salud mental y atención social constituye un paso crucial para reducir estas desigualdades.
Contrariamente a lo que podría esperarse, los investigadores no detectaron un patrón claro que vinculara una mayor severidad de la discapacidad cognitiva con peores resultados de salud mental. En cambio, la desventaja socioeconómica mostró una asociación consistente con un deterioro en el bienestar psicológico de los pacientes.
David Skuse, profesor emérito del mismo instituto y autor senior, enfatizó la necesidad de reconocer los desafíos más amplios que afrontan las familias cuidadoras. "Las presiones financieras, las responsabilidades de cuidado y las dificultades para acceder a apoyo especializado pueden añadirse a los retos que experimentan estas familias", explicó Skuse, aunque aclaró que el estudio no pudo establecer las causas detrás de dichas asociaciones.
La investigación, financiada por el Medical Research Council (MRC) y realizada con la colaboración de la Universidad de Cardiff, presenta ciertas limitaciones metodológicas. La mayoría de la información provino de los padres mediante autoinformes, sin evaluaciones independientes, y algunas familias no completaron todos los cuestionarios. Además, factores como las circunstancias familiares, la privación y la gravedad de la discapacidad no pudieron medirse con detalle exhaustivo.
Dado que el estudio ofrece una instantánea en un momento único, no es posible determinar si la desventaja causa directamente los problemas de salud mental o si, inversamente, los desafíos de cuidar a un niño con IDD contribuyen a la precariedad financiera de los hogares.



