Cultura y sociedad
Los teléfonos nos roban la voz: 120.000 palabras menos al año
Un estudio revela que el uso de smartphones ha reducido el habla humana en 338 palabras diarias, una pérdida anual de 120.000 palabras.

La conversación cara a cara se está extinguiendo. Una investigación advierte que los teléfonos inteligentes y las aplicaciones de mensajería han provocado que el ser humano pronuncie, en promedio, 338 palabras menos cada día en comparación con el pasado. Esta cifra se traduce en una pérdida de aproximadamente 120.000 palabras al año, lo que equivale a la desaparición de miles de interacciones presenciales.
Los científicos compararon los años 2005 y 2019 y descubrieron que el número de palabras habladas a diario se redujo un 28%. Este periodo coincide con el auge masivo de los teléfonos inteligentes. Todos los grupos de edad se vieron afectados por este declive, pero la Generación Z —personas de 25 años o menos— fue la más perjudicada debido a su uso intensivo de la tecnología.
De 15.900 a 12.700 palabras diarias
Según los datos analizados por investigadores de la Universidad de Misuri-Kansas City y la Universidad de Arizona, basados en grabaciones de audio de más de 2.000 personas en sus entornos naturales, en 2019 la gente hablaba una media de 12.700 palabras al día. En 2005, esa media era de 15.900 palabras.
La investigadora Valeria Pfeifer, coautora del estudio, teme que la creciente dependencia de la comunicación digital pueda provocar la pérdida de habilidades sociales vitales vinculadas al lenguaje hablado, como el tono de voz, el ritmo y las señales emocionales. Pfeifer señala que los humanos han dependido del lenguaje oral durante más de 200.000 años y que aún se desconoce si el giro hacia la comunicación digital conlleva costes sociales ocultos.
El coste social del silencio digital
Hablar menos significa pasar menos tiempo conectando con los demás, lo que se asocia con la soledad y sus consecuencias negativas para la salud mental y física. Por el contrario, la conversación diaria se vincula con un mayor bienestar y relaciones más sólidas.
La investigadora subraya que las pequeñas interacciones pueden marcar una gran diferencia: intercambiar unas palabras con el camarero que prepara el café, preguntar a un compañero por su fin de semana o llamar a un familiar. Estos breves momentos ayudan a mantener los lazos sociales y podrían contribuir a frenar o incluso revertir el declive de la interacción oral diaria.
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