Cultura y sociedad
Desde el espacio hasta la medicina, las ondas de radio revelan secretos que van más allá de las comunicaciones cotidianas.

Las ondas de radio nos rodean constantemente: están en los teléfonos inteligentes, las redes wifi, los sistemas de navegación por satélite y los implantes médicos. Sin embargo, la mayoría de las personas desconoce su funcionamiento y las sorprendentes aplicaciones que tienen.
El profesor Víktor Krishtop, del Departamento de Física General de la Universidad Técnica de Perm, explica que las ondas de radio son un tipo de radiación electromagnética, al igual que la luz. La diferencia clave es que el ojo humano solo percibe un rango muy estrecho de longitudes de onda, entre 380 y 750 nanómetros. Las ondas de radio, en cambio, son mucho más largas: pueden medir desde milímetros hasta cientos de kilómetros, lo que las hace invisibles para nosotros.
No todas las ondas de radio se comportan igual. Las ondas largas tienen la capacidad de rodear obstáculos y viajar grandes distancias, por lo que se emplean en navegación y comunicaciones de largo alcance. Por el contrario, las ondas cortas penetran con dificultad las paredes, pero permiten transmitir enormes volúmenes de datos. De ahí que sean la base de tecnologías como el wifi, la telefonía móvil y las redes 5G.
Según Krishtop, las comunicaciones inalámbricas funcionan mejor durante la noche y en invierno. La razón es la radiación solar: durante el día, los rayos ultravioleta del Sol crean una capa de partículas cargadas en la atmósfera que absorbe parcialmente las ondas de radio largas. Al caer la noche, ese efecto se debilita y la señal se vuelve más estable.
Las ondas de radio también son fundamentales para la exploración espacial. Los radiotelescopios permiten observar objetos celestes que los telescopios convencionales no pueden detectar, como nubes de gas frío, púlsares y agujeros negros supermasivos. Para lograrlo, los receptores se enfrían hasta aproximadamente 258 grados Celsius bajo cero, con el fin de reducir el ruido térmico que ellos mismos generan.
Fue precisamente la radioastronomía la que confirmó la teoría del Big Bang en 1965. Ese año, científicos estadounidenses detectaron un ruido de fondo de radio constante que resultó ser la radiación cósmica de microondas, el eco del universo primitivo.
En el ámbito médico, el doctor Valeri Litvínov señala que las señales de radio se utilizan en implantes cocleares que restauran la audición, así como en marcapasos y dispositivos de estimulación nerviosa. Los médicos pueden ajustar los parámetros de estos aparatos de forma remota, sin necesidad de cirugía.
Los científicos trabajan actualmente en tecnologías de comunicaciones de próxima generación. Se está desarrollando el estándar 6G, que permitirá transferir cantidades aún mayores de datos. Además, se investigan antenas cuánticas capaces de detectar señales extremadamente débiles. En el futuro, estos dispositivos podrían facilitar las comunicaciones en minas, túneles e incluso bajo los escombros tras un terremoto.


