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25 años después del 11 de septiembre: los ataques que cambiaron a Estados Unidos y redibujaron el mundo

Hoy, Estados Unidos recuerda el 11 de septiembre con actos en Nueva York y Washington, tras dos décadas de transformaciones profundas en su política exterior, seguridad y sociedad.

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25 años después del 11 de septiembre: los ataques que cambiaron a Estados Unidos y redibujaron el mundo
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Después de transcurridos veinticinco años desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos se prepara para conmemorar la fecha en Nueva York y Washington, en un contexto de disminución de la conmoción colectiva que marcó las primeras décadas posteriores a los ataques.

La generación más joven de estadounidenses no vivió directamente el colapso de las Torres Gemelas, ni vio las imágenes de aviones impactando las torres y el Pentágono, ni la aeronave United 93 que se estrelló en Pensilvania tras el intento de los pasajeros por tomar el control.

Pero las consecuencias del ataque organizado por Al Qaeda no terminaron con el final de ese día. Constituyó un punto de inflexión histórico que impulsó a Estados Unidos hacia una nueva era de guerras y intervenciones militares, transformó la naturaleza de la sociedad estadounidense y la política exterior, y contribuyó indirectamente al agravamiento de las divisiones que surgieron posteriormente durante la presidencia de Donald Trump, según informó Le figaro.

Tras los atentados, el presidente George W. Bush lanzó lo que se conoció como la "guerra contra el terrorismo", abandonando sus promesas anteriores de reducir los compromisos militares estadounidenses en el extranjero. Pronto, la guerra pasó de perseguir a Al Qaeda a una campaña militar amplia que se extendió desde Afganistán e Irak hasta Libia, Siria y otras regiones.

En Afganistán, las fuerzas estadounidenses libraron una guerra que duró casi dos décadas, mientras que la invasión de Irak se convirtió en uno de los errores estratégicos más grandes en la política estadounidense, según sus críticos, ya que el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein alteró los equilibrios de poder en la región y fortaleció la influencia de Irán.

Seguridad frente a libertades

Las consecuencias del 11 de septiembre no se limitaron a la política exterior. Estados Unidos experimentó una expansión masiva de sus aparatos de seguridad e inteligencia, y se aprobó la Ley Patriota en 2001, que otorgó amplias facultades a las autoridades en materia de vigilancia y lucha contra el terrorismo. En 2002 se creó el Departamento de Seguridad Interna, que se convirtió posteriormente en una de las instituciones federales gubernamentales más grandes. Asimismo, se estableció el cargo de Director de Inteligencia Nacional para supervisar a 17 agencias de inteligencia estadounidenses, cuyos presupuestos aumentaron considerablemente. En el extranjero, la guerra contra el terrorismo se extendió desde Medio Oriente hasta la región del Sahel y partes del sur de Asia.

Asimismo, prisiones como Guantánamo, inaugurada en la base estadounidense en Cuba, se convirtieron en símbolos de controversia sobre derechos humanos y libertades civiles, al haber detenido a miembros de los talibanes y Al Qaeda fuera de las categorías de prisioneros de guerra o presos penales tradicionales, mientras que la CIA utilizó métodos de interrogatorio severos y llevó a cabo operaciones encubiertas mediante drones para atacar líderes de grupos armados.

Del entusiasmo nacional al escepticismo

Inicialmente, los atentados unificaron a los estadounidenses y a sus aliados de Washington, y por primera vez se activó la Artículo 5 de la OTAN, demostrando solidaridad con Estados Unidos. Sin embargo, esta unidad no duró mucho; en 2003, la decisión de invadir Irak —aunque no existía relación directa entre el régimen de Saddam Hussein y los atentados del 11 de septiembre— provocó una división internacional.

Dentro de Estados Unidos, la guerra contó con un amplio apoyo popular y político, mientras que disminuyó el número de voces críticas. También advirtieron funcionarios, diplomáticos e inteligencia sobre la intervención en Irak.

Los aliados europeos que rechazaron participar en la guerra, especialmente Francia y Alemania, fueron objeto de fuertes críticas, particularmente por parte de medios de comunicación y figuras políticas estadounidenses.

Pero el entusiasmo por la guerra pronto se transformó en desilusión. La guerra en Afganistán volvió a intensificarse con el ascenso de los talibanes, mientras que la guerra en Irak se convirtió en dos conflictos paralelos: uno contra grupos sunitas vinculados a Al Qaeda, y otro contra grupos chiíes ligados a Irán.

A lo largo de aproximadamente veinte años, cerca de tres millones de estadounidenses participaron en estos conflictos, que dejaron miles de muertos y decenas de miles de heridos, y produjeron una generación de veteranos que sufrieron frustración, traumas psicológicos y resentimiento.

Mientras Estados Unidos se hundía en guerras, China fortalecía silenciosamente sus capacidades militares y desarrollaba su fuerza naval para convertirse en el principal rival militar de Washington.

Escepticismo y teorías conspirativas

Con el aumento de la frustración, proliferaron teorías conspirativas y dudas sobre la narrativa oficial de los atentados del 11 de septiembre, y sus defensores, incluido Alex Jones, aprovecharon las redes sociales para alcanzar audiencias más amplias, transformando esta oleada de escepticismo gradualmente en una fenómeno político.

En el lado demócrata, el ascenso de Barack Obama, quien compitió en las primarias contra Hillary Clinton, reflejó una creciente oposición a las guerras exteriores. Pero la retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak en 2012 más adelante creó condiciones que permitieron el auge de ISIS, obligando a Washington a emprender una nueva guerra en Medio Oriente.

En el seno del Partido Republicano, el movimiento Tea Party representó una resistencia al establishment tradicional, abriendo así paso al ascenso de Donald Trump.

Trump también aprovechó enormemente el rechazo hacia las élites y expertos vinculados a las guerras de Medio Oriente, logrando convertir este malestar en una herramienta política durante las primarias de 2016, cuando calificó la guerra de Irak como un gran error.

Después de 25 años, los atentados del 11 de septiembre no alcanzaron los objetivos que buscaba Al Qaeda: Osama bin Laden fue asesinado y la dirección del grupo se desintegró. Estados Unidos no se retiró del mundo islámico, y no fue derrotado en una guerra global como esperaba bin Laden. El auge del islamismo yihadista perdió brillo, y Estados Unidos permaneció como la potencia dominante del mundo.

Pero los atentados del 11 de septiembre, con su profundo impacto global, lograron romper parte del optimismo estadounidense, dejando tras de sí una sociedad más escéptica, tensa y dividida.

Después de 25 años, Estados Unidos aún busca un cierre simbólico y psicológico para esta página de su historia, coincidiendo este año con el bicentenario de su independencia.

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