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Un ataque de la agrupación yihadista vinculada a Al Qaeda contra una base del ejército maliense en San provocó la caída del puesto y la huida de decenas de efectivos, según videos difundidos en redes sociales y reportes de RFI.

Una base militar del ejército maliense en la ciudad de San, ubicada en el centro del país, fue blanco de un nuevo ataque letal lanzado por la “Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes”, organización afiliada a Al Qaeda. El asalto forma parte de una estrategia creciente de grupos armados para debilitar las fuerzas gubernamentales mediante operaciones simultáneas en distintas regiones.
Según grabaciones circuladas en plataformas digitales, la instalación militar fue tomada y abandonada por las tropas, mientras se hallaron múltiples cadáveres dentro del perímetro de combate. Decenas de soldados huyeron durante el ataque, cuya cronología coincide con una fase de preparación militar en Gao para nuevos enfrentamientos que intensificarían la presión sobre el centro de Malí.
Las autoridades locales informaron que un grupo armado no identificado intentó infiltrarse en el complejo militar antes de ser rechazado por unidades en servicio. El Estado Mayor General calificó la respuesta en terreno como “enérgica” y afirmó haber “frustrado la intentona”. No obstante, las autoridades no dieron a conocer cifras oficiales de víctimas.
Radio Francia Internacional (RFI) reveló que al menos doce militares malienses murieron en el incidente. Hasta la noche del domingo, el paradero de varios soldados seguía sin confirmarse.
San se sitúa en el eje que conecta Bamako con Mopti y constituye un nodo clave dentro del sistema de seguridad del centro de Malí. La zona ya había sido escenario previo de emboscadas contra convoyes militares, lo que evidencia la constante presión sobre esta vía logística crítica.
Este suceso se suma a una serie de acciones anunciadas por el Estado Mayor General a principios de agosto, entre ellas la operación denominada “Djougoulokou”, lanzada a finales de julio contra redes logísticas de grupos armados en el norte del país.
El ataque forma parte de una ola ascendente de operativos dirigidos contra las fuerzas armadas y sus aliados, que en los últimos meses han expandido su alcance desde el norte hasta el centro y el sur, enfocándose en bases, convoyes y líneas de abastecimiento.
Tras casi un año desde el inicio del bloqueo económico impuesto en septiembre pasado, el Consejo de Transición liderado por Assimi Goïta mantiene su apuesta por la solución militar. Al mismo tiempo, tanto los grupos yihadistas como la Frente de Liberación de Azawad combinan presión bélica, aislamiento económico de Bamako y maniobras diplomáticas regionales.
Goïta rechaza negociar y depende de refuerzos externos. Sus adversarios, por su parte, se preparan para una nueva fase de su campaña tras el ataque del 25 de abril, que tuvo como objetivo el núcleo del poder transicional en Kati y Bamako.
Actualmente, el gobierno debe repartir sus recursos defensivos entre múltiples frentes, entre ellos Gao: última línea de contención del despliegue maliense y ruso en el norte. Allí opera una base aérea y logística que articula la conexión entre Bamako y las zonas de Ansongo, Menaka y Tombuctú, según un informe publicado por Africa Intelligence.
La pérdida o cerco de Gao paralizaría la capacidad ofensiva del ejército y del contingente africano hacia el norte, aislaría a las tropas desplegadas fuera de las ciudades principales y transformaría vastas extensiones de Azawad en territorios fuera del control de Bamako, facilitando una escalada de presión militar y política sobre el centro del país.
Por ello, los combates en Ansongo y los ataques contra convoyes entre Gao y Tombuctú se interpretan como una maniobra para desgastar el entorno de la ciudad antes de un asalto directo.
La “Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes” asume la mayor carga operativa: interrumpe rutas de suministro y ejerce presión directa sobre Bamako. La Frente de Liberación de Azawad aporta cobertura local, una fachada política y vínculos regionales.
Sin embargo, esta alianza se basa más en un enemigo común que en un proyecto unificado. Mientras la Frente busca recuperar Azawad e imponer una solución política, la agrupación liderada por Iyad Ag Ghali persigue la expansión de su influencia y la instauración de un régimen califal.
A pesar de las pérdidas sufridas, Bamako conserva capacidad aérea, drones y líneas de apoyo exterior. Sus opositores, en cambio, han demostrado su aptitud para abrir frentes simultáneos y amenazar las vías de suministro de combustible y armamento, según observadores especializados.



