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Asia y el Pacífico, bajo la sombra del “arma de los estrechos”
La crisis del estrecho de Ormuz ha reavivado temores sobre el uso de pasos marítimos como instrumentos de presión en Asia y el Pacífico.

La crisis del estrecho de Ormuz, desatada después de que la Guardia Revolucionaria iraní cerrara el paso a finales de febrero y atacara barcos con drones, misiles antibuque y minas, dejó al descubierto un giro en la naturaleza de los conflictos navales. También alimentó advertencias de que lo ocurrido podría incentivar el “armamento” de los pasos marítimos en Asia y poner en riesgo arterias clave del comercio y la energía mundiales.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní estableció en Ormuz un sistema de peajes que obliga a los barcos a presentar documentos y pagar tasas para transitar. Informes no confirmados hablaron de una embarcación que habría pagado dos millones de dólares para cruzar el estrecho, mientras varias navieras se negaron a hacerlo, amparándose en las قواعد del derecho internacional.
La tensión también alcanzó el plano jurídico cuando Donald Trump anunció en abril que la Marina estadounidense impondría un bloqueo naval sobre Ormuz. Ese anuncio generó dudas vinculadas con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y con las leyes de los conflictos marítimos, antes de que el Mando Central estadounidense ajustara después sus instrucciones para limitarlo a los barcos con destino a puertos iraníes o que salieran de ellos.
Ormuz y el costo de amenazar pasos
Según lo que recogió Foreign Affairs, la crisis mostró que tecnologías de bajo costo, como los sistemas de vigilancia costera, los drones, las minas y las embarcaciones no tripuladas, ya permiten a países más débiles interrumpir la navegación y elevar el costo para rivales más poderosos, incluso sin cerrar por completo un estrecho.
Las consecuencias de esa amenaza no se quedan en el plano militar. Las evoluciones ligadas a Ormuz indican que la sola posibilidad de cerrar un paso marítimo basta para elevar los costos del seguro naval, redirigir rutas de transporte y desordenar los mercados de energía y de materias primas.
Asia mira sus propios estrechos
Ese escenario ha encendido alarmas crecientes en Asia, donde por sus principales estrechos pasan las cadenas globales de comercio, energía y semiconductores, y no solo petróleo, como ocurre en Ormuz. Entre los puntos más expuestos destaca el estrecho de Malaca, que en su punto más angosto mide 1,5 millas náuticas y por el que circula cerca del 40% del comercio mundial y el 80% de las importaciones de energía de China.
Las preocupaciones aumentan ante la posibilidad de que lo ocurrido en Ormuz anime el uso de métodos parecidos en el estrecho de Malaca, el estrecho de Taiwán o el estrecho de Luzón, ya sea mediante bloqueo, cobro de tasas o interrupción del tránsito marítimo durante crisis. En ese marco, China lleva años intentando reducir su dependencia de Malaca mediante la expansión de oleoductos terrestres, puertos vinculados al océano Índico y el desarrollo de rutas polares, en lo que se conoce como la “dilema de Malaca”.
Taiwán, Luzón y rutas secundarias
El estrecho de Taiwán, por el que pasa alrededor del 20% del comercio marítimo mundial, añade riesgos por su vínculo directo con la industria de semiconductores. Taiwán domina la producción mundial de chips avanzados y los principales puertos se concentran en la costa oeste, frente al estrecho.
Las estimaciones citadas por el informe señalan que un bloqueo del estrecho de Taiwán podría provocar una pérdida equivalente al 5,3% del producto interior bruto mundial. A la vez, la crisis de Ormuz reforzó la lógica de las estrategias militares en Asia, al renovar la convicción de que los estrechos marítimos pueden convertirse en herramientas eficaces de presión y bloqueo incluso frente a potencias mayores.
Ese impulso también fortalece la estrategia china conocida como “antiacceso/negación de área” (A2/AD), basada en restringir el movimiento de los adversarios en las aguas cercanas a China mediante una red de misiles, capacidades navales y aéreas y sistemas de vigilancia. En sentido opuesto, Taiwán sigue desarrollando la llamada estrategia del “erizo”, apoyada en sistemas de defensa móviles y distribuidos para que cualquier intento de invasión resulte costoso y complejo.
En el estrecho de Luzón, que conecta el mar de China Meridional con el océano Pacífico, Estados Unidos y Filipinas han intensificado ejercicios orientados a desarrollar capacidades para interrumpir la navegación, mientras China respondió con maniobras con munición real cerca de la zona. Y, con el aumento de los temores sobre la interrupción de los principales pasos marítimos, también se vuelven a mirar los corredores secundarios de Indonesia, como los estrechos de Sonda y Lombok.
La atención sobre esas rutas se reforzó después de que Yakarta descubriera en abril un vehículo no tripulado submarino sospechado de ser chino en el estrecho de Lombok. En ese contexto, observadores han pedido reforzar la protección de los corredores marítimos, desarrollar puertos alternativos y reducir la dependencia global de la producción de semiconductores en Taiwán, al tiempo que insisten en que la crisis de Ormuz mostró cómo convertir los estrechos en instrumentos de presión y conflicto puede amenazar a toda la economía mundial.
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