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El golfo de Bengala se convierte en un foco clave de rivalidad geopolítica entre China e India por el control de rutas marítimas y puertos estratégicos.

El golfo de Bengala se está transformando rápidamente en un escenario central de competencia geopolítica en la región del océano Índico y Pacífico. China intensifica sus esfuerzos para asegurar un acceso más estable al océano Índico a través de Myanmar y Bangladesh, mientras India responde fortaleciendo su presencia naval y mejorando su infraestructura militar y logística en las islas Andamán y Nicobar, así como en los alrededores del estrecho de Malaca.
Este enfrentamiento refleja el traslado del conflicto entre ambas potencias asiáticas desde sus fronteras terrestres hacia una disputa prolongada sobre puertos, rutas comerciales, cadenas de suministro e infraestructura marítima, según Asia Times.
La Estrategia Nacional de Seguridad Marítima de India para 2026 señala que el este del océano Índico y el golfo de Bengala serán ejes de la competencia estratégica en los próximos años. El enfoque se centra en dominar puertos, redes logísticas, infraestructura energética y conexiones digitales, consideradas herramientas clave para consolidar la influencia marítima, más allá del uso exclusivo de la fuerza militar tradicional.
En respuesta, India lleva a cabo un plan amplio para convertir la isla principal de Nicobar en un centro avanzado de vigilancia naval, apoyo logístico y operaciones militares en el este del océano Índico. Además, ha reforzado su colaboración con Indonesia para desarrollar el puerto de Sabang, situado cerca de la entrada norte del estrecho de Malaca, lo que le permite monitorear uno de los corredores marítimos más importantes del mundo y complementar sus capacidades en las islas Andamán y Nicobar.
China enfrenta crecientes desafíos en sus proyectos terrestres de conexión, ya que la ruta económica China-Pakistán se ha vuelto más vulnerable debido a ataques de grupos armados en la región de Baluchistán. Asimismo, la guerra entre Estados Unidos e Irán y las sanciones han incrementado la incertidumbre sobre las rutas que atraviesan Irán, mientras que las vías euroasiáticas y el corredor central continúan enfrentando restricciones políticas y logísticas.
Ante esta situación, Pekín ha reevaluado sus prioridades y fortalecido el corredor económico entre China y Myanmar, que ofrece a la provincia de Yunnan un acceso directo al golfo de Bengala mediante el puerto de Kyaukpyu, evitando el estrecho de Malaca y las rutas occidentales más expuestas a perturbaciones. Este enfoque se apoya en oleoductos y gasoductos existentes, así como en planes para construir carreteras y ferrocarriles, aumentando la capacidad de China para asegurar el flujo comercial y energético hacia el suroeste del país.
Sin embargo, la persistente crisis interna en Myanmar hace que depender exclusivamente de esta ruta sea riesgoso para China. Por ello, Pekín ha ampliado su visión para incorporar a Bangladesh en un corredor económico tripartito que añade nuevos puertos, centros logísticos y capacidades industriales a la red china en el norte del golfo de Bengala.
Los puertos de Chittagong y Mongla son elementos clave en esta estrategia, ya que ofrecen alternativas operativas en caso de que el puerto de Kyaukpyu se vea afectado, proporcionando a China mayor flexibilidad para acceder al océano Índico.
Las acciones de India coinciden con la expansión de la cooperación en defensa entre Indonesia y Estados Unidos, Japón y Australia, lo que contribuye a fortalecer la seguridad en torno al estrecho de Malaca y el este del océano Índico, complicando el entorno estratégico en el que opera China.
Aunque estas alianzas no están dirigidas directamente contra Pekín, limitan el margen de maniobra que China ha disfrutado durante largo tiempo en la región.
El informe destaca que la rivalidad entre China e India ha superado el concepto tradicional de poder naval para convertirse en una lucha por el control de redes de transporte, cadenas de suministro, puertos comerciales, infraestructura energética, comunicaciones digitales y instalaciones de uso dual, consideradas pilares esenciales del poder estratégico en el siglo XXI.
Desde esta perspectiva, el corredor propuesto entre China, Myanmar y Bangladesh no es solo un proyecto de transporte, sino un paso para construir una red logística integral que permita a Pekín mantener el flujo de comercio y energía incluso en tiempos de crisis, reduciendo su dependencia de una única ruta o punto de estrangulamiento marítimo.
Por su parte, India percibe estas maniobras como una amenaza para la seguridad de su economía marítima, dado que el aumento de la presencia china en Myanmar y Bangladesh podría afectar la seguridad de sus puertos, cadenas de suministro, servicios de transporte marítimo e infraestructura marítima y digital, incluso antes de que esta presencia se traduzca en una expansión militar visible.
El informe concluye que el golfo de Bengala está destinado a convertirse en el principal escenario de la competencia entre las dos mayores potencias asiáticas en los próximos años. China apuesta por construir una red marítima y logística más flexible, mientras India busca reforzar sus alianzas regionales y desarrollar sus capacidades navales para mantener el equilibrio de poder en el este del océano Índico.
Este enfoque indica que el futuro de esta rivalidad no dependerá únicamente de las flotas militares, sino también de la capacidad para asegurar las rutas comerciales, gestionar las cadenas de suministro y desarrollar puertos e infraestructura, lo que redefinirá el mapa estratégico del golfo de Bengala y de la región del océano Índico y Pacífico.
Líbano
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