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Egipto respondió positivamente a la propuesta de Italia de facilitar el diálogo entre El Cairo y Adís Abeba sobre el uso del agua del Nilo, tras la reunión inaugural de la comisión bilateral en Alamein y una declaración conjunta que subrayó el rechazo a medidas unilaterales.

El ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Badr Abdel Ati, respondió públicamente al anuncio realizado por su homólogo italiano, Antonio Tajani, sobre la disposición de Roma a actuar como mediador en la controversia entre Egipto y Etiopía respecto al río Nilo.
En una publicación en la plataforma X este viernes, Abdel Ati expresó su reconocimiento al posicionamiento italiano en el asunto del agua del Nilo y destacó su énfasis en la necesidad de abstenerse de adoptar cualquier medida unilateral ni causar daño. La declaración forma parte de una serie de intercambios diplomáticos que siguieron a la primera reunión de la Comisión Mixta Egipcio-Italiana, celebrada ayer en la ciudad egipcia de Alamein.
Abdel Ati y Tajani presidieron juntos dicha reunión, a la que asistieron varios ministros de ambos países. También participaron en el Foro Empresarial Egipcio-Italiano. En su mensaje, Abdel Ati calificó la visita de Tajani como “una visita de amigo” y reiteró su aprecio por el respaldo italiano al enfoque basado en el derecho internacional y la cooperación pacífica.
Durante una rueda de prensa conjunta tras las conversaciones, Tajani confirmó que Italia está dispuesta a contribuir al diálogo entre Egipto y Etiopía, siempre que ambas partes lo soliciten. Subrayó que Roma puede aprovechar sus relaciones consolidadas con Etiopía para ayudar a desbloquear una crisis que persiste desde hace años sin acuerdo definitivo.
El ministro italiano reconoció la importancia estratégica del agua del Nilo para Egipto y afirmó que cualquier solución debe permitir al país obtener su parte del recurso, respetando plenamente los principios del derecho internacional. Insistió en la necesidad de alcanzar una solución negociada, justa y sostenible para la gestión del río.
El desacuerdo entre Egipto y Etiopía se intensificó tras el inicio de la construcción del Gran Embalse Renacimiento Etíope sobre el Nilo Azul en 2011. Desde entonces, múltiples rondas de negociaciones fracasaron en lograr un pacto vinculante sobre el régimen de llenado y operación del embalse, así como sobre la garantía de caudales mínimos para los Estados ribereños aguas abajo: Egipto y Sudán.
Etiopía considera el proyecto como un asunto de soberanía nacional. Por su parte, Egipto y Sudán exigen un acuerdo jurídicamente vinculante que regule la operación del embalse y asegure sus cuotas históricas de agua, argumentando que el Nilo es un río internacional que atraviesa fronteras y cuya gestión debe regirse por el derecho internacional.
Egipto ha definido reiteradamente el acceso al agua del Nilo como una “cuestión existencial”, señalando que no hará concesiones en este punto y que el río constituye el “vaso vital” del país.



