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Una encuesta revela que la mayoría de jóvenes británicos de la generación Z respaldaría la reincorporación a la Unión Europea tras una década del Brexit.

Un reciente sondeo realizado por el centro de investigación More in Common, que incluyó a 440 jóvenes entre 18 y 28 años, indica que el 60% de ellos votaría a favor de regresar a la Unión Europea si se les diera la oportunidad, frente a un 9% que preferiría mantenerse fuera del bloque comunitario.
Al considerar únicamente a los participantes que probablemente votarían en un futuro referéndum, el apoyo a la reincorporación se eleva hasta un 81%, mientras que el rechazo baja al 19%, según datos difundidos por The Guardian.
El estudio también muestra que la mitad de la generación Z considera que el Brexit ha sido un fracaso, en contraste con un 16% que lo ve como un éxito, y un 34% que aún no ha definido su postura.
Cuando se preguntó a los jóvenes sobre las causas del supuesto fracaso, el 37% atribuyó el resultado a una mala gestión política, el 29% opinó que el proyecto estaba condenado al fracaso desde el inicio, y solo el 11% cree que el Brexit ha tenido éxito hasta ahora.
Estos resultados coinciden con un creciente debate sobre los cambios demográficos que han modificado el perfil del electorado británico desde el referéndum de 2016, en el que la opción de salir de la Unión Europea ganó con un 51,9% frente al 48,1% que optó por permanecer.
El fallecimiento de millones de votantes mayores que apoyaron el Brexit, junto con la incorporación de millones de jóvenes favorables a Europa al censo electoral, podría haber eliminado la mayoría que respaldó la salida hace una década, abriendo un nuevo debate sobre el futuro de la relación entre Reino Unido y la Unión Europea.
El sondeo revela además que el 62% de los jóvenes británicos apoyaría la realización de un nuevo referéndum sobre la reincorporación a la Unión Europea en los próximos cinco años, mientras que solo el 11% se opone y el 27% permanece indeciso.
En un análisis conjunto, tres destacados columnistas de The Guardian —Aditya Chakrabortty, Polly Toynbee y Simon Jenkins— repasaron el momento del referéndum y sus consecuencias durante los últimos diez años, cuestionando si las preocupaciones expresadas por los opositores al Brexit se han confirmado y si el país se está acercando nuevamente a Europa.
Chakrabortty recordó que el día del referéndum en junio de 2016 estuvo marcado por la ira y la división, señalando la brecha entre regiones que se sentían marginadas y frustradas y una élite política y mediática que hablaba en términos de cifras y hechos.
El columnista consideró que una de las consecuencias más graves del voto fue el rápido aumento del discurso racista tras conocerse el resultado, mencionando un episodio en el que un amigo suyo escuchó a alguien gritar en la calle: "Hemos recuperado nuestro país, ahora quemaré esa mezquita", en referencia a un templo ubicado al final de la calle.
Por su parte, Toynbee, que estuvo el día del referéndum en un centro de llamadas del Partido Laborista apoyando la campaña por la permanencia, señaló que las llamadas que atendió reflejaban un amplio enfado por el aumento de la inmigración y el deseo de muchos votantes de "recuperar el control" del país frente a la Unión Europea.
En contraste, Jenkins admitió haber sido escéptico respecto al proyecto europeo desde un principio, pero cambió de opinión al convencerse de que la alternativa a la membresía sería peor.
El columnista relató que académicos y periodistas europeos le expresaron durante su estancia en Alemania el día del referéndum su temor a que la salida de Reino Unido dejara el futuro de Europa en manos de países que podrían alterar el equilibrio que Londres representaba.
Al analizar el periodo posterior al referéndum, los tres coincidieron en que los líderes de la campaña por la salida carecían de un plan claro para implementar el Brexit.
Chakrabortty señaló que figuras destacadas como el ex primer ministro Boris Johnson, el político Michael Gove y el líder del partido Reform UK, Nigel Farage, impulsaron la salida sin una visión práctica de las consecuencias, mientras Jenkins destacó que la división no solo fue sobre abandonar la Unión Europea, sino también sobre el tipo de relación que debería establecerse con el continente.
Toynbee atribuyó parte de la responsabilidad al ex líder laborista Jeremy Corbyn por rechazar un acuerdo que habría permitido un Brexit más flexible.
En su valoración de la última década, Jenkins consideró que el debate público se ha vuelto menos emocional y más centrado en cuestiones prácticas como el comercio, el intercambio estudiantil y las regulaciones.
No obstante, Chakrabortty rechazó esta visión y afirmó que una de las consecuencias más peligrosas del Brexit ha sido la normalización de discursos radicales sobre inmigración e identidad nacional, hasta el punto de que ideas que antes se consideraban extremas se han incorporado al debate político convencional.
Respecto al futuro, las opiniones se dividieron entre un regreso gradual a la cooperación europea mediante acuerdos sectoriales y la eventual reincorporación formal a la Unión Europea.
Chakrabortty defendió que cualquier acercamiento debería contar con un mandato democrático claro, mientras Jenkins abogó por un debate público basado en hechos y datos económicos.
Toynbee expresó que ahora cree que las advertencias de los opositores al Brexit hace una década fueron acertadas, considerando que la salida no solo fue un error económico, sino también político y emocional.
Concluyó que Reino Unido ha iniciado un proceso de reevaluación de esa experiencia y busca una nueva fórmula para su relación con Europa.
Tras la renuncia del primer ministro Keir Starmer, el debate sobre el Brexit ha dejado de ser solo una discusión sobre el pasado para convertirse en un asunto político urgente para la nueva dirección del país.
Según The Times, el reajuste de las relaciones con la Unión Europea será una de las primeras tareas para el candidato favorito a la jefatura del gobierno y alcalde de la Gran Manchester, Andy Burnham.
El medio británico señala que Burnham tendrá que definir su postura en las negociaciones con Bruselas, especialmente en lo relativo al acuerdo sobre movilidad juvenil entre Reino Unido y la Unión Europea.
Aunque se espera que adopte un enfoque cauteloso y mantenga inicialmente las líneas rojas establecidas por su predecesor Keir Starmer, cualquier presión o demanda europea para concesiones podría ponerlo pronto ante un desafío político, en un momento en que aumentan las voces dentro del Reino Unido, especialmente entre los jóvenes, que reclaman una revisión de la relación del país con Europa tras una década del Brexit.
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