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Moqtada al-Sadr ordena que Saraya al-Salam se separe del movimiento sadrista y se integre al Estado iraquí, en un paso clave hacia el monopolio estatal del armamento.

El líder del movimiento sadrista, Moqtada al-Sadr, decidió desvincular a Saraya al-Salam de su corriente política para integrarla plenamente al Estado iraquí, una medida que ha reavivado el debate sobre uno de los grupos armados más influyentes en Irak desde 2003. Observadores consideran que esta acción podría marcar un cambio decisivo en la consolidación del monopolio del armamento estatal, en medio de crecientes presiones internas y externas para eliminar la presencia de milicias armadas y unificar la autoridad en materia de seguridad.
Este anuncio se produjo en un momento en que Irak enfrenta amplias discusiones sobre el futuro de las milicias y los mecanismos para su integración en las instituciones oficiales, coincidiendo con crecientes llamados gubernamentales y judiciales para centralizar el mando militar bajo la autoridad estatal.
Los orígenes de Saraya al-Salam se remontan a 2003, cuando Moqtada al-Sadr fundó el Ejército del Mahdi tras la invasión estadounidense, convirtiéndose en una de las principales fuerzas armadas chiíes durante los años de conflicto sectario y enfrentamientos con las tropas estadounidenses.
El Ejército del Mahdi libró combates extensos en Bagdad, Najaf y otras ciudades, hasta que en 2008 al-Sadr anunció su congelación como parte de acuerdos políticos y de seguridad tras la operación "Asalto de los Caballeros", lanzada por su rival dentro del entorno chií, Nuri al-Maliki, contra grupos armados.
Durante el periodo de violencia sectaria entre 2005 y 2008, el Ejército del Mahdi fue acusado de cometer crímenes contra ciudadanos de la comunidad suní en su lucha contra Al Qaeda.
En años posteriores, surgió la brigada Al-Yawm al-Maw'ud como una extensión militar limitada del movimiento sadrista, antes de que en junio de 2014 al-Sadr estableciera Saraya al-Salam tras la ofensiva de ISIS en Mosul y el colapso de amplias unidades militares en el norte de Irak.
Al-Sadr declaró entonces que el propósito de esta formación era proteger santuarios religiosos, mezquitas, iglesias y lugares sagrados en coordinación con el Estado, y posteriormente Saraya al-Salam participó en combates contra ISIS en varios frentes.
Este grupo tuvo un papel activo en la guerra contra ISIS, especialmente en Samarra, Jurf al-Sakhar, Amerli, Diyala y la isla de Samarra.
Sus fuerzas colaboraron con el ejército iraquí y las Unidades de Movilización Popular (PMF) para levantar el asedio sobre Amerli en 2014 y contribuyeron en operaciones que recuperaron amplias zonas de las provincias de Salah al-Din y Diyala del control del grupo terrorista.
La presencia de Saraya al-Salam fue especialmente notable en Samarra, donde protegió los santuarios de los dos imames militares y sus alrededores, convirtiendo la ciudad en una de sus principales áreas de despliegue militar.
A lo largo del conflicto, la milicia mantuvo su estructura organizativa propia dentro del entorno armado chií, vinculándose directamente a Moqtada al-Sadr, aunque participó en la estructura de las PMF mediante las brigadas 313, 314 y 315.
El reciente anuncio de al-Sadr no es la primera iniciativa para desvincular a Saraya al-Salam del movimiento sadrista, ya que en 2017 y 2019 planteó propuestas similares para centralizar el armamento en manos del Estado y eliminar la dependencia partidista de las milicias.
Tras la derrota de ISIS, al-Sadr reiteró en varias ocasiones su disposición a integrar Saraya al-Salam en las instituciones oficiales, siempre que se incluyeran todas las milicias sin excepción.
Sin embargo, estas propuestas no se tradujeron en acciones completas y Saraya al-Salam mantuvo su estructura propia, mientras Irak atravesaba episodios de tensión política y seguridad, como los enfrentamientos en la Zona Verde en 2022.
El investigador político Nizar Haidar señaló que las condiciones actuales son diferentes a etapas anteriores debido a la presión internacional y regional, junto al aumento de demandas nacionales para que el Estado controle el armamento.
Ha señalado que el tema del armamento forma parte del proyecto estatal, especialmente tras la intervención directa del poder judicial en el debate y la insistencia en eliminar cualquier presencia armada fuera de las instituciones oficiales. Explicó que las experiencias en otros países muestran dos vías principales para integrar milicias: mantener la estructura y armamento dentro de una institución oficial o desmantelar la formación y distribuir a sus miembros en diferentes cuerpos de seguridad y militares.
Indicó que la integración efectiva ocurre cuando los combatientes se incorporan plenamente a las instituciones estatales sin conservar sus estructuras previas.
Expertos consideran que la decisión de al-Sadr no solo afecta a Saraya al-Salam, sino que envía mensajes políticos y de seguridad más amplios a otras milicias, en un contexto de creciente debate sobre el futuro del armamento fuera del control estatal.
Además, según analistas, esta medida impulsa los esfuerzos gubernamentales para reorganizar el panorama de seguridad y plantea a otras facciones el desafío de redefinir su relación con las instituciones oficiales.
Este anuncio representa una de las etapas más importantes en la historia militar del movimiento sadrista, que se extiende por más de dos décadas, y sitúa a Saraya al-Salam ante una fase que podría poner fin al proceso iniciado con el Ejército del Mahdi en 2003, culminando por primera vez bajo la tutela completa del Estado iraquí.
Un integrante del movimiento sadrista informó que la desvinculación de Saraya al-Salam ha entrado en su primera fase organizativa, con la formación de comités conjuntos que incluyen representantes de Saraya al-Salam, las PMF y la oficina del comandante general de las fuerzas armadas para diseñar una hoja de ruta detallada para la transición.
Este miembro, que pidió anonimato, explicó que la primera etapa consiste en contabilizar el personal, vehículos, equipamiento e instalaciones de Saraya al-Salam en Bagdad, Najaf, Samarra y otras provincias, con informes detallados que serán entregados en las próximas semanas a las autoridades gubernamentales competentes.
Señaló que el proceso se desarrollará en varias fases durante varios meses, comenzando con la desvinculación administrativa y organizativa completa entre Saraya al-Salam y el movimiento sadrista, seguida de la transferencia de competencias militares y logísticas al Estado, y posteriormente la entrega de sedes, armas medias y pesadas, y la reestructuración del personal conforme a las necesidades de las instituciones de seguridad.
El objetivo final es convertir a todos los miembros de Saraya al-Salam en una fuerza subordinada exclusivamente a la cadena de mando militar oficial, eliminando cualquier vínculo organizativo o político previo, en línea con el proyecto de centralizar el armamento estatal y unificar la autoridad en materia de seguridad y defensa en Irak.



