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Washington lanzó una serie de ataques para reducir la capacidad del Cuerpo de Guardianes iraní de operar en el estrecho de Ormuz y afectar la navegación marítima.

Las operaciones militares estadounidenses contra instalaciones iraníes entraron en una fase decisiva, con un enfoque en limitar la capacidad del Cuerpo de Guardianes de la Revolución para emplear las zonas costeras en ataques y obstaculizar la navegación en el estrecho de Ormuz.
En un comunicado sobre la novena serie de ataques, el Mando Central de Estados Unidos indicó que estos objetivos incluyeron "centros de mando militar iraníes, sitios de defensa aérea, vigilancia costera, plataformas de lanzamiento de misiles y drones, así como redes de comunicaciones".
El comunicado agregó que estas acciones buscan "continuar reduciendo la capacidad de Irán para atacar barcos y marineros en el estrecho de Ormuz" y que se realizan "en cumplimiento de las directrices del comandante en jefe de las fuerzas armadas".
La ruta de los objetivos estadounidenses se extiende desde Juzestán, en el oeste, pasando por Bushehr, Bandar Abás y las islas cercanas al estrecho de Ormuz, hasta Jask, Kanarak y Chabahar en el este. En esta zona se encuentran objetivos relacionados con la vigilancia costera, defensas aéreas, misiles, drones, embarcaciones rápidas y capacidades navales, junto con puentes, túneles, vías férreas, puertos e instalaciones aéreas.
Este mapa de objetivos permite interpretar un propósito claro: debilitar la capacidad de Irán para monitorear y usar militarmente la costa, así como para conectar sus unidades desplegadas en esa área con su interior terrestre. Sin embargo, esto no implica que Estados Unidos haya decidido ocupar las islas o atacar instalaciones de exportación petrolera.
El litoral y el estrecho de Ormuz son puntos clave en estas operaciones porque el estrecho actúa como un cuello de botella que conecta el Golfo Pérsico con el mar de Omán y el mar Arábigo. En su punto más angosto, el estrecho mide 29 millas náuticas y en 2025 se espera que por él transiten cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, aproximadamente una cuarta parte del comercio petrolero marítimo mundial.
Irán, junto con Irak, Kuwait, Catar y Baréin, depende en gran medida de este paso para la mayoría de sus exportaciones petroleras.
Por ello, la interrupción de la vigilancia costera, los misiles antibuque y las embarcaciones rápidas no solo afecta un conflicto local, sino que apunta directamente a los mecanismos de influencia sobre la navegación y los mercados energéticos.
Washington declara que su objetivo es disminuir la capacidad de Irán para amenazar a los buques comerciales, aunque el control efectivo del estrecho requiere también limitar la habilidad de Teherán para detectar movimientos navales y dirigir ataques contra ellos.
La importancia estratégica de Bandar Abás radica en la convergencia del mayor puerto comercial de Irán con instalaciones navales del ejército y del Cuerpo de Guardianes en la ribera iraní del estrecho de Ormuz.
El Mando Central estadounidense sostiene que sus ataques son precisos y buscan paralizar la capacidad del Cuerpo de Guardianes para utilizar el estrecho como una herramienta de presión que interrumpa el comercio internacional.
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