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La crisis del estrecho de Ormuz revive la lección del embargo petrolero árabe de 1973

La reciente crisis en el estrecho de Ormuz, con un cierre de más de 100 días, remite a la conmoción del embargo petrolero árabe durante la guerra de 1973.

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La crisis del estrecho de Ormuz revive la lección del embargo petrolero árabe de 1973
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La crisis más reciente en el estrecho de Ormuz, que implicó un cierre efectivo de más de 100 días, ha generado un impacto significativo en los mercados energéticos globales, recordando la conmoción provocada por el embargo petrolero árabe durante la guerra de octubre de 1973.

Aunque el flujo de petróleo y gas se mantuvo tras la reapertura del estrecho, esta situación evidenció la vulnerabilidad del sistema energético mundial, que depende de una red compleja de petroleros y comercio internacional.

El sistema actual mostró una notable capacidad de adaptación durante la crisis, ya que las rápidas modificaciones en la oferta y la demanda evitaron un escenario catastrófico que podría haberse producido si el cierre se hubiera prolongado, especialmente considerando la dependencia de las grandes naciones asiáticas del Medio Oriente para la mayoría de sus importaciones energéticas. Sin embargo, medidas como el retiro de reservas y la reducción de importaciones no resultaron sostenibles, lo que indica que el mundo solo ganó tiempo.

Esta crisis guarda similitudes con el choque de 1973, que provocó un fuerte aumento en los precios del petróleo y una inflación global, aunque en la actualidad ocurre en un contexto más complejo y desarrollado. En aquel entonces, la crisis impulsó a los países a mejorar la eficiencia energética, desarrollar vehículos más económicos y aumentar la producción local, además de crear la Agencia Internacional de la Energía. No obstante, no puso fin a la era del petróleo, sino que la hizo más eficiente.

En la actualidad, la amenaza a la seguridad energética en Ormuz podría generar un cambio comparable, con una diferencia clave: la existencia de alternativas reales como las energías renovables, la energía nuclear y la expansión del uso de vehículos eléctricos. Varias naciones asiáticas han comenzado a reconsiderar sus estrategias mediante la diversificación de fuentes energéticas, la construcción de reservas locales y la reducción de la dependencia de importaciones, aun cuando esto implique mayores costos.

Europa, tras la crisis en Ormuz, acelera sus esfuerzos para mejorar la eficiencia energética y ampliar el uso de energías renovables, evidenciando una disminución notable en el consumo de gas. Paralelamente, la inversión global se orienta cada vez más hacia soluciones limpias y hacia infraestructuras flexibles, con un crecimiento considerable en la venta de vehículos eléctricos y la expansión de la energía solar, especialmente en Asia y África.

A pesar de estos cambios, el petróleo y el gas continúan siendo elementos fundamentales en la economía mundial, particularmente en los sectores del transporte, la industria y la agricultura, mientras que la creciente demanda eléctrica sostiene el papel del gas. Por tanto, la transición no implica el fin inmediato de la era de los combustibles fósiles, sino el inicio de un cambio gradual tras décadas de crecimiento constante.

En consecuencia, la crisis de Ormuz no pone fin de forma inmediata a la era del petróleo, pero podría constituir un punto de inflexión que impulse al mundo hacia la diversificación energética, la mejora de la eficiencia y la aceleración del paso hacia fuentes alternativas.

Fuente: Reuters

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