Mundo
El economista iraní advierte que las crecientes presiones financieras y sanciones estadounidenses están empujando al país hacia una fase más peligrosa, con graves consecuencias para el valor del real, la inflación y el costo de vida.

Un fuente iraní familiarizada con los círculos de toma de decisiones económicas reveló que las crecientes presiones financieras y las sanciones estadounidenses han comenzado a impulsar la economía iraní hacia una etapa más peligrosa, señalando que la capacidad del gobierno para absorber las consecuencias de la crisis y satisfacer las necesidades del mercado enfrenta pruebas cada vez mayores.
El informante explicó en una declaración exclusiva a "Erm News" que la etapa próxima será la más difícil para la economía iraní, especialmente con la ampliación del alcance de las sanciones secundarias y el ataque a sectores vitales, redes de transporte, financiamiento y comercio, al mismo tiempo que disminuye la capacidad de utilizar canales financieros tradicionales, lo cual podría tener un impacto directo en el tipo de cambio, los niveles de inflación y los costos de vida.
Señaló que la prolongación de las presiones económicas durante mucho tiempo podría colocar al gobierno iraní ante una difícil ecuación, consistente en elegir entre reducir el gasto y el apoyo, lo que aumentaría las cargas sociales, o incrementar el gasto y recurrir a herramientas monetarias que podrían provocar una mayor depreciación del real y un aumento de la inflación.
Estas advertencias llegan en un momento en que la economía iraní ha sufrido golpes severos durante la semana pasada, tras el anuncio por parte del presidente estadounidense Donald Trump de lanzar una guerra económica y financiera contra Teherán, seguido por el anuncio del secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent sobre la ampliación del alcance de las sanciones secundarias contra Irán para incluir a socios comerciales, con la inclusión de unos 60 individuos, entidades y barcos en listas de sanciones, y el ataque a trabajadores en sectores como aviación, activos digitales, oro, transporte marítimo y tecnología.
Irán vive uno de sus momentos más críticos económicamente y políticamente en las últimas décadas, bajo la acumulación de sanciones occidentales junto con problemas estructurales internos y consecuencias geopolíticas crecientes; lo que ha llevado a la economía a un círculo que combina inflación alta, declive del crecimiento y reducción de la capacidad adquisitiva.
En este contexto, el analista político paquistaní Mian Hafeez Jaffar afirma que el real iraní ha caído a niveles históricos frente al dólar estadounidense, superando la barrera de 1.8 millones de reales por dólar en el mercado paralelo, lo que refleja la ampliación de la brecha entre la moneda local y las necesidades reales de la economía.
Agrega Jaffar a "Erm News" que la tasa anual de inflación ha subido a niveles que oscilan entre el 57% y el 68%, mientras que los precios de bienes alimenticios y materias primas han alcanzado niveles de inflación mucho más altos, especialmente productos lácteos, carne y granos.
Señala que el crecimiento real del producto interno bruto (PIB) ha disminuido a niveles muy bajos, con previsiones de contracción económica iraní durante 2026, mientras el Fondo Monetario Internacional estima una contracción del PIB cercana al 6,1%.
Agrega que estimaciones locales y extranjeras indican una expansión del número de personas en pobreza y una reducción de la capacidad adquisitiva, lo que coloca a una amplia franja de iraníes frente a presiones crecientes para asegurar sus necesidades básicas.
Destaca Jaffar que la crisis ya no es solo una dificultad financiera temporal, sino que se ha convertido en una prueba de la capacidad del estado iraní para mantener el estabilidad social y económica, especialmente con la persistente depreciación de la moneda y el aumento de precios.
El costo de las transacciones comerciales iraníes se ha duplicado debido a las restricciones impuestas al sistema bancario, la separación de los bancos iraníes del sistema SWIFT y la inclusión de Teherán en la lista negra del Grupo de Acción Financiera; lo que ha obligado a las empresas a depender cada vez más de canales financieros no oficiales y bancos intermediarios.
Esta situación provoca un aumento en el costo del comercio exterior, mientras Irán enfrenta dificultades crecientes para obtener divisas fuertes y financiar operaciones de importación, al mismo tiempo que Estados Unidos intensifica la supervisión sobre redes de transporte y comercio relacionadas con el petróleo iraní.
Con la disminución de los ingresos petroleros y la presión sobre las fuentes de divisas extranjeras, el gobierno iraní enfrenta un dilema para financiar el gasto público, especialmente con el aumento del costo del subsidio y servicios básicos.
Por su parte, Muhammad Mahir, investigador en asuntos iraníes, afirma que la crisis interna en Irán se basa en la interacción de múltiples factores económicos, sociales y políticos, y no solo en las sanciones.
Explica Mahir a "Erm News" que el aumento de la inflación y la disminución de la capacidad adquisitiva han empujado a millones de ciudadanos con ingresos fijos, empleados y maestros a niveles de vida más difíciles, mientras que las actividades informales y la economía marginal se han convertido en fuente principal de ingresos para sectores crecientes de la sociedad.
Señala que Irán, a pesar de poseer el segundo mayor reservorio de gas natural del mundo, enfrenta una crisis energética estructural debido a la falta de inversiones y tecnologías modernas; lo que se manifiesta en interrupciones frecuentes de electricidad y gas, afectando a fábricas, servicios y producción local.
Agrega que la disminución de la capacidad del Estado para financiar programas de apoyo y mantener precios estables de bienes esenciales, como combustible, pan y medicamentos, significa que una parte mayor del costo de la crisis recae sobre el ciudadano, lo que podría aumentar la tensión social en la próxima etapa.
¿Se acerca Irán a una nueva oleada de protestas?
Los observadores consideran que el mayor riesgo para Teherán no radica únicamente en el aumento de la inflación o la depreciación de la moneda, sino en la transformación de la crisis económica en un factor acumulativo de presión política y social.
Cuanto más disminuya la capacidad del gobierno para proporcionar apoyo y mantener la estabilidad de precios, mayor será la posibilidad de ampliar la brecha entre el Estado y la sociedad, especialmente si esto coincide con la continuación de las sanciones, la contracción del actividad económica y el aumento de tasas de desempleo.
Las evidencias actuales indican que la capacidad de Irán para superar la crisis dependerá en gran medida de su capacidad para mantener las exportaciones de petróleo, asegurar canales comerciales alternativos, obtener divisas fuertes y evitar un colapso adicional en el tipo de cambio del real.
En contraparte, la continuación del bloqueo financiero y la ampliación de las sanciones para incluir a socios comerciales podría reducir gradualmente el espacio de maniobra frente a Teherán, haciendo que las opciones económicas disponibles sean aún más costosas.
Mientras tanto, el gobierno iraní apuesta por su capacidad histórica para adaptarse a las sanciones, pero la etapa próxima parece diferente; las presiones externas coinciden con puntos débiles internos en la moneda, energía, presupuesto y capacidad adquisitiva.
Así, la guerra económica liderada por Washington podría pasar de ser solo una herramienta de presión sobre Teherán a convertirse en una prueba real de la capacidad del régimen iraní para mantener la cohesión económica y prevenir la propagación de la crisis desde los mercados hasta la calle.



