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La guerra entre EE.UU. e Irán ha mostrado una clara ventaja militar, pero sin un triunfo estratégico definitivo, con altas pérdidas humanas y costos financieros elevados.

Según el periódico "Financial Times", la guerra estadounidense contra Irán podría obligar a Estados Unidos a reconsiderar su forma de luchar en conflictos, ante un gran predominio militar sin alcanzar una victoria decisiva, junto con un aumento en las bajas humanas y los costos financieros.
Según el informe, Estados Unidos ha dependido durante el conflicto de un modelo militar basado en ataques de largo alcance, armas precisas, inteligencia artificial, aviones avanzados y portaaviones, intentando minimizar las bajas directas.
El "Financial Times" informó que las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo más de 13.000 bombardeos durante los primeros seis meses de la guerra, logrando destruir la fuerza aérea iraní y gran parte de sus fuerzas navales, además de atacar líderes clave del régimen y del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, así como imponer un bloqueo a los puertos.
Pero el informe señala que la ventaja operativa no se ha traducido en una victoria estratégica decisiva: aún persisten corrientes radicales en el poder dentro de Irán, y el futuro del programa nuclear iraní sigue siendo incierto, a pesar de los daños sufridos tras los ataques estadounidenses e israelíes.
El informe llega en un momento de estancamiento en las negociaciones, continuos amenazas de Irán y sus aliados a la navegación, además del fallecimiento de 18 militares estadounidenses y al menos 624 heridos.
Además, 42 aviones estadounidenses resultaron destruidos o dañados, incluyendo cazas F-15, aviones F-35, aviones E-3 y más de 20 drones Reaper, según el periódico.
El costo financiero de las operaciones militares ascendió a unos 37.500 millones de dólares, con la necesidad del Departamento de Defensa estadounidense de aproximadamente 67.000 millones de dólares para reconstruir los suministros de armas reducidos a niveles bajos.
El periódico indicó que la guerra también ha generado cargas económicas para los estadounidenses, ya que el principal economista de "Moody's Analytics" estimó que una familia típica estadounidense podría soportar un costo de hasta mil dólares debido al gasto militar y al aumento de los precios de la gasolina.
A pesar de estas pérdidas, el periódico afirma que la guerra aún no ha provocado una reacción popular amplia dentro de Estados Unidos, señalando que las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses rechazan la guerra, pero esto no se ha traducido en protestas masivas ni en renuncias generalizadas dentro de la institución militar.
El informe considera que las elecciones intermedias de noviembre podrían constituir la prueba política más importante, ya que revelarán si los votantes responsabilizarán a los republicanos por decidir iniciar la guerra.



