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La primera ministra italiana Giorgia Meloni aprovecha las imágenes de la llegada masiva de migrantes a Ceuta en julio del año pasado para impulsar una iniciativa diplomática con 20 jefes de Estado y Gobierno, con el objetivo explícito de aislar al primer ministro español Pedro Sánchez.

Giorgia Meloni, primera ministra italiana, está utilizando las imágenes de la llegada de migrantes a Ceuta — ocurrida el 30 de julio del año pasado — como una herramienta política para aislar al gobierno español liderado por Pedro Sánchez. Según el diario francés Le Monde, esta estrategia forma parte de una campaña anticipada para las elecciones parlamentarias europeas de 2027, en las que las políticas de identidad y migración ocuparán un lugar central.
Tras el ingreso irregular de 50.000 extranjeros a Ceuta, en el norte de África, donde fallecieron al menos 72 personas según datos oficiales de Madrid, Meloni ha movilizado una coalición de 20 jefes de Estado y de Gobierno. Esta iniciativa se desarrolló en coordinación con la primera ministra danesa Mette Frederiksen, quien también defiende una política migratoria restrictiva. Juntas enviaron una carta conjunta a las tres presidencias europeas pidiendo la celebración inmediata de una conferencia virtual de ministros del Interior.
El contexto es significativo: ninguno de los migrantes que llegaron a Ceuta durante esa crisis breve logró acceder al territorio europeo. A diferencia de lo sucedido en Lampedusa en 2023, donde todos los migrantes fueron trasladados a centros de acogida en Sicilia o en la península italiana —por estar la isla dentro del espacio Schengen—, la situación en Ceuta no implicó desplazamientos posteriores hacia el continente.
Hace tres años, Meloni abogaba por que otros Estados miembros recibieran a los migrantes que arribaban a Roma. Ahora, en respuesta directa a las imágenes provenientes de Ceuta, ha impuesto restricciones a los vuelos y cruceros con España. Este giro forma parte de una reconfiguración más amplia del discurso migratorio europeo, en la que el acercamiento entre fuerzas de derecha y extrema derecha se ha convertido en un factor determinante.
En 2023, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, visitó Lampedusa y presentó un plan de acción de diez puntos alineado con la postura de Meloni. En ese momento, la líder italiana consolidó su imagen como referente europeo en materia migratoria, incluso hasta el punto de que, durante su campaña para las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, von der Leyen empleó en la isla frases que replicaban las de Meloni, según destacó la prensa italiana.
Aunque la iniciativa formal se centra en la creación de centros de detención para extranjeros fuera de las fronteras exteriores de la Unión Europea —tema sobre el que se reunió hoy martes el Consejo de Ministros del Interior, y que también fue solicitado por separado por el primer ministro español—, el objetivo principal declarado dentro del partido de Meloni es el aislamiento de Pedro Sánchez. El diario Le Monde señala que Sánchez, figura emblemática de la izquierda europea, es blanco de una campaña de desinformación en Italia por su política de regularización de trabajadores extranjeros.
Dicha desinformación se difunde incluso dentro del gobierno italiano, que, paradójicamente, ejecuta su propio programa para otorgar 500.000 permisos de residencia a trabajadores extranjeros antes de 2028.
Meloni enfrenta, además, una presión interna desde su propio espectro ideológico. El general retirado Roberto Vannacci y su nuevo partido, Futuro Nacional, representan un desafío directo. Con una intención de voto del 7 %, Vannacci supera ya a todos los socios de la coalición gubernamental de Meloni. Mientras ella llegó al poder prometiendo poner fin a la inmigración irregular, él propone el homogeneísmo étnico en Italia mediante expulsiones masivas.
El número de migrantes irregulares que llegaron a Europa cayó un 40 % en los primeros cinco meses de este año, según datos de la agencia Frontex. No obstante, Meloni sigue priorizando la instrumentalización política de los flujos migratorios, especialmente cuando sirven para debilitar a sus adversarios ideológicos en el escenario europeo.
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