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La tregua de dos semanas en Gaza enfrenta serias dificultades por la divergencia entre Hamas e Israel sobre el desarme, con Tel Aviv exigiendo su eliminación total como condición previa a cualquier acuerdo y Hamas rechazándolo hasta que las fuerzas israelíes se retiren completamente del territorio.

La tregua de dos semanas anunciada para Gaza choca contra un obstáculo central: la imposibilidad de acordar una metodología operativa para la fase siguiente del proceso de calma, especialmente respecto al desarme de Hamas. Según fuentes citadas por el diario israelí Jerusalem Post, el alto el fuego actual tiene como objetivo principal ultimar los detalles técnicos y logísticos de esa etapa, incluida la puesta en marcha formal del desarme de la organización.
Las interpretaciones de lo acordado difieren radicalmente entre Hamas e Israel, lo que complica desde el inicio la viabilidad práctica del proceso. Una fuente diplomática consultada por el medio señaló que el Ejército israelí no abandonará sus posiciones actuales en lo que se denomina “línea amarilla” dentro del territorio de Gaza hasta que se complete íntegramente la entrega de armas de Hamas. Esa exigencia se articula en torno a un marco de trabajo publicado por el Consejo para la Paz, vinculado a la propuesta de paz presentada por el presidente estadounidense Donald Trump. Según esas mismas fuentes, dicho marco contempla el depósito de todo el armamento de Hamas en instalaciones especializadas, previo a su desmantelamiento definitivo.
Las instalaciones destinadas al almacenamiento de armas quedarían bajo la administración de miembros de la Policía de la Autoridad Nacional Palestina en Gaza. Cada uno de esos funcionarios deberá someterse a una revisión de seguridad exhaustiva por parte del Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí. Además, una fuerza multinacional asumiría la supervisión directa de toda la operación. Paralelamente, el informe indica que los residentes de Gaza conservarían la posibilidad de obtener licencias para portar pistolas, conforme a la legislación palestina vigente.
Israel ha dejado claro que el cese de hostilidades entrará en vigor únicamente tras el inicio efectivo del desarme, y que el período de dos semanas sirve exclusivamente para que las partes afinen los mecanismos de implementación. En contraste, Hamas emitió un comunicado el viernes en el que rechazó categóricamente cualquier desarme mientras persista la presencia militar israelí en el territorio. La organización afirmó que no renunciará a sus armas sin una retirada total de las fuerzas israelíes, ni sin el desmontaje de “las bandas armadas y milicias creadas por la ocupación”, según sus propias palabras. Asimismo, Hamas exigió garantías explícitas sobre el derecho palestino a establecer un Estado independiente en Gaza, subrayando que cualquier arreglo futuro debe reconocer formalmente ese derecho.
Las mismas fuentes indicaron que la falta de avances concretos por parte de Hamas hacia el desarme durante la vigencia de la tregua será considerada una violación del alto el fuego, con el riesgo inmediato de su terminación. Este escenario refleja la fragilidad inherente al acuerdo provisional, cuya continuidad depende de la convergencia en un punto —el desarme— sobre el que ambas partes mantienen posturas antagónicas y mutuamente excluyentes.
Líbano
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