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El expresidente estadounidense Donald Trump afirmó que Estados Unidos dispone de “cantidades enormes” de municiones, destacó la expansión sin precedentes de la industria militar y anunció acciones legales contra quienes divulgaron información sobre bajas en reservas estratégicas.

Donald Trump declaró que Estados Unidos cuenta con “cantidades enormes” de municiones, especialmente de ciertos tipos, y subrayó que la producción militar avanza a ritmo acelerado para satisfacer las necesidades nacionales.
Según el exmandatario, las empresas del sector defensa están construyendo el mayor número de fábricas e instalaciones registrado en la historia del país. Añadió que las municiones se fabrican en grandes volúmenes y se envían al territorio estadounidense según la demanda operativa.
Trump advirtió que su administración perseguirá a quienes calificó como “filtradores” de datos sobre el estado de los arsenales. Calificó sus declaraciones como “traicioneras” y señaló que se buscará imponer penas de prisión prolongadas contra ellos.
Estas afirmaciones surgieron tras informaciones periodísticas estadounidenses —basadas en fuentes anónimas con conocimiento directo— que revelaron una creciente presión sobre las reservas de municiones estratégicas del Ejército estadounidense, tras el empleo masivo de armamento durante operaciones militares contra Irán.
De acuerdo con fuentes citadas por CNN, aproximadamente el 80 % del inventario de misiles interceptores del sistema de defensa antimisiles THAAD ha sido consumido. Funcionarios militares alertaron además que los niveles de ciertas municiones bajo custodia del Departamento de Defensa —el Pentágono— han caído a cifras “peligrosamente bajas”.
Los cálculos indican que las fuerzas estadounidenses utilizaron cerca del 80 % de sus existencias de misiles THAAD y alrededor de la mitad de sus misiles interceptores Patriot, comparado con los niveles disponibles antes del inicio de la guerra contra Irán. Esta situación genera preocupación sobre la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para responder ante futuras amenazas balísticas.
Durante el conflicto, el Ejército estadounidense empleó cantidades significativas de armas de largo alcance, entre ellas misiles Tomahawk y sistemas de precisión. Al mismo tiempo, la industria de defensa enfrenta dificultades para reponer rápidamente los stocks agotados, debido a la extensión de los ciclos de producción.
Centros especializados estiman que podrían requerirse varios años para restablecer los niveles previos a la guerra en sistemas avanzados como los misiles THAAD y Patriot, pese a los esfuerzos del Pentágono por ampliar la capacidad fabril y elevar la producción de interceptores.
Estos hechos ocurren mientras prosiguen las deliberaciones internas dentro de la administración estadounidense sobre opciones militares potenciales, y se emiten advertencias sobre el impacto del déficit de municiones en la viabilidad de operaciones prolongadas o en la respuesta a crisis bélicas futuras frente a potencias globales.
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