Salud
Una revisión científica indica que el último consumo de cafeína debe realizarse casi nueve horas antes de acostarse para evitar trastornos del descanso.

La creencia popular sugiere que una taza de café consumida por la tarde pierde su efecto antes de la hora de dormir. Sin embargo, los datos científicos recientes obligan a replantear esa rutina y ajustar el momento exacto de la última dosis de cafeína.
Un análisis exhaustivo de 24 estudios determinó que la hora de ingesta impacta directamente en la duración y calidad del sueño nocturno. Para minimizar las probabilidades de sufrir alteraciones en el descanso, la evidencia apunta a un intervalo específico entre el último sorbo y el momento de acostarse.
Los resultados indican que esta separación debería ser de aproximadamente 8,8 horas. Esto implica que quien suele irse a la cama a las diez de la noche necesita dejar de tomar café bastante antes de lo habitual, idealmente a primera hora de la tarde o incluso antes.
Para entender por qué persiste el efecto estimulante, hay que observar cómo interactúa la cafeína con el cerebro durante las horas de actividad. El compuesto bloquea la acción de la adenosina, una sustancia que se acumula progresivamente mientras estamos despiertos y genera la sensación natural de cansancio necesaria para conciliar el sueño.
Al unirse a los receptores de adenosina, la cafeína mantiene al individuo alerta aunque el cuerpo esté fisiológicamente preparado para el reposo. Esta interferencia química explica por qué el impacto no desaparece rápidamente tras la ingesta.
Aunque la gestión del horario es crucial para el descanso, existe otra dimensión relacionada con el volumen de consumo diario. Los hallazgos señalan que beber hasta 25 tazas de café al día no provoca endurecimiento de las arterias ni otros problemas vasculares asociados comúnmente a la cafeína en altas cantidades.



