Salud
El enrojecimiento del lunula uncial como señal de patologías sistémicas
Una revisión clínica publicada en la revista estadounidense The American Journal of Medicine vincula el enrojecimiento de la zona blanca en forma de media luna en la base de la uña —el lunula— con enfermedades cardiovasculares, hepáticas, autoinmunes, articulares, cutáneas y hematológicas.

El cuerpo humano puede manifestar trastornos médicos ocultos mediante alteraciones sutiles que pasan desapercibidas. Una de ellas es el cambio de color de la región blanca en forma de media luna situada en la base de la uña —conocida técnicamente como lunula—, que adquiere una tonalidad rojiza.
Relación con patologías sistémicas
Una revisión de casos clínicos publicada en la revista estadounidense The American Journal of Medicine establece una asociación entre este enrojecimiento y diversas afecciones, entre las que figuran enfermedades cardiovasculares, hepáticas, autoinmunes, articulares, dermatológicas y hematológicas. También se ha documentado en personas con alopecia areata o intoxicación por monóxido de carbono.
Los investigadores responsables del estudio pertenecen a la Escuela de Medicina de Rutgers, en Nueva Jersey. Su análisis recopiló todos los casos reportados en la literatura médica desde que la fenomenología fue descrita por primera vez en 1954.
Cuándo requiere evaluación médica
No todo enrojecimiento del lunula implica una condición patológica subyacente, ni aparece de forma constante en todos los pacientes afectados por las enfermedades vinculadas. Sin embargo, los autores señalan que su aparición —especialmente cuando se observa en varias uñas simultáneamente— justifica una valoración médica para descartar una alteración sistémica.
En contraste, si el cambio cromático se limita a una sola uña, podría atribuirse a una causa localizada bajo la lámina ungueal, como infección, tumor o hemorragia, sin relación necesaria con un proceso generalizado en el organismo.
Mecanismo fisiopatológico hipotético
Aunque la causa exacta sigue sin esclarecerse, una de las explicaciones propuestas apunta al vasodilatación de los capilares ubicados debajo del lunula, lo que incrementa el flujo sanguíneo y provoca la coloración roja observable. Durante la exploración clínica, el médico puede aplicar presión sobre esta zona: si el enrojecimiento desaparece temporalmente y se torna blanquecino, ello sugiere que el fenómeno está mediado por la perfusión vascular.
Los investigadores enfatizan que el enrojecimiento del lunula no constituye un criterio diagnóstico específico para ninguna enfermedad, sino una señal clínica que merece consideración. Su relevancia aumenta cuando se presenta en múltiples uñas o coexiste con otros síntomas.
Los autores atribuyen la escasa atención médica otorgada a este signo a su baja frecuencia de aparición. Subrayan que su detección debe motivar una investigación dirigida hacia posibles trastornos sistémicos o cutáneos subyacentes.
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