Salud
Una revisión científica con 8.500 participantes en 123 estudios muestra que el ejercicio aeróbico después del tratamiento oncológico disminuye un 23 % el riesgo de muerte y un 17 % la recurrencia antes del fallecimiento.

Una revisión científica publicada en la revista británica *British Journal of Sports Medicine* revela que la práctica de ejercicio aeróbico tras el tratamiento del cáncer se asocia con una reducción del 23 % en el riesgo de muerte y del 17 % en la probabilidad de recurrencia del tumor antes del fallecimiento. El análisis también indica una disminución del 18 % en la mortalidad por cualquier causa y del 26 % en la muerte atribuible específicamente al cáncer.
La revisión integró datos de 123 estudios y 21 ensayos clínicos, abarcando a aproximadamente 8.500 personas. Entre los tipos de cáncer más representados figuran el de mama —el más frecuente en las investigaciones analizadas—, seguido por los de intestino y páncreas. Se estima que entre el 20 % y el 40 % de los pacientes experimentan una reaparición de la enfermedad incluso después de recibir quimioterapia y cirugía para extirpar los tumores.
Los autores señalan que el ejercicio podría fortalecer las defensas contra la recurrencia mediante múltiples vías: mejora de la eficiencia del sistema cardiovascular, estimulación de la actividad de las células inmunitarias y optimización del flujo sanguíneo hacia las lesiones tumorales. Además, se plantea que la actividad física modula niveles hormonales —como los de estrógeno y testosterona—, incrementa la captación muscular de glucosa y favorece la reparación del daño en el ADN celular.
Las actividades clasificadas como aeróbicas incluyen la carrera, la marcha rápida, el ciclismo, la natación y la danza. Por su parte, los ejercicios de fuerza comprenden el levantamiento de pesas, las sentadillas y las flexiones de brazos. No obstante, la capacidad de cada paciente para realizar estas prácticas varía según su estado clínico y el tipo de tratamiento recibido, por lo que se recomienda consultar previamente con el médico tratante para definir qué modalidades son seguras y adecuadas en cada caso.
Michelle Mitchell, directora ejecutiva de Cancer Research UK, destacó que estos hallazgos refuerzan la idea de que el ejercicio no solo mitiga síntomas como la fatiga o limitaciones motoras, sino que también puede contribuir a prolongar la supervivencia y mejorar la calidad de vida tras el diagnóstico. Subrayó la necesidad de garantizar que los sobrevivientes del cáncer accedan a apoyo estructurado para incorporar el movimiento físico de forma segura y sostenible.