Tecnología y ciencia
Científicos identifican que el cambio aparente en la rotación de Saturno se debe a fenómenos atmosféricos vinculados al aurora boreal y vientos.

Los astrónomos han logrado resolver uno de los enigmas más complejos relacionados con Saturno, tras observar con el telescopio espacial James Webb que las variaciones detectadas en la velocidad de rotación del planeta no se deben a un cambio real en su aceleración o desaceleración, sino a un fenómeno complejo asociado con la aurora boreal y los vientos en su atmósfera.
Una investigación publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Space Physics detalla que la aurora en el polo norte de Saturno impulsa un ciclo continuo de calentamiento, vientos y corrientes eléctricas. Este proceso modifica las señales empleadas para medir la velocidad de rotación del planeta, generando la impresión errónea de que su ritmo de giro cambia con el tiempo.
La confusión científica sobre este tema comenzó hace décadas y se reavivó en 2004 cuando los datos de la sonda Cassini de la NASA mostraron que la velocidad de rotación de Saturno parecía diferente a la esperada. Este hallazgo era difícil de explicar, ya que los planetas gigantes no suelen variar su velocidad de rotación en períodos cortos.
En 2021, un equipo liderado por el profesor Tom Stallard, de la Universidad de Northumbria en Reino Unido, propuso que la causa no residía en el planeta en sí, sino en los vientos de sus capas superiores que afectan las señales eléctricas relacionadas con la aurora boreal.
Para comprobar esta hipótesis, los científicos emplearon el telescopio James Webb para observar la región de la aurora boreal en Saturno durante un día completo del planeta. El equipo midió la luz emitida por un ion llamado "ión de hidrógeno trivalente", que sirve como indicador natural de la temperatura en la atmósfera superior.
Estos datos permitieron crear los mapas más precisos hasta ahora de las temperaturas y la densidad de partículas cargadas en la zona polar. Los resultados demostraron que la energía liberada por la aurora calienta áreas específicas de la atmósfera, generando vientos fuertes que a su vez producen corrientes eléctricas que alimentan nuevamente la aurora en un ciclo autosostenido.
El profesor Stallard explicó que este fenómeno es similar a una "bomba térmica planetaria", donde la aurora calienta la atmósfera, lo que provoca vientos que generan corrientes eléctricas que retroalimentan la aurora. Según él, estas observaciones finalmente aportan la evidencia necesaria para entender las aparentes variaciones en la rotación de Saturno y cierran un capítulo que se prolongó por décadas.
La relevancia de este descubrimiento trasciende a Saturno, ya que indica una estrecha relación entre la atmósfera y el campo magnético del planeta, un vínculo que podría darse también en otros mundos dentro y fuera del sistema solar. Los investigadores consideran que comprender estas interacciones podría ayudar a revelar nuevos mecanismos que regulan las atmósferas de planetas distantes y su conexión con el espacio circundante, abriendo nuevas vías para estudiar la evolución planetaria y los ambientes potencialmente habitables en el universo.



