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Un estudio en ratones revela que recuerdos adolescentes pueden volverse inaccesibles temporalmente por cambios en estructuras cerebrales protectoras.

Investigadores del Albert Einstein College of Medicine han identificado un proceso inesperado de remodelación en una región cerebral vinculada a la preservación y recuperación de memorias a largo plazo. En ratones en la etapa tardía de la adolescencia, las estructuras protectoras que rodean neuronas clave se debilitaron temporalmente, dificultando el acceso a experiencias previas. Aunque esos recuerdos suelen reaparecer en la adultez, algunos pierden precisión original.
Este hallazgo, publicado en PLOS Biology, aporta una posible explicación biológica para la variabilidad en el acceso a memorias antiguas durante el desarrollo cerebral. Además, refuerza la idea de que la adolescencia no es un periodo breve que termina con los años juveniles, sino una etapa prolongada en la que los circuitos neuronales continúan reorganizándose.
El estudio se centró en la corteza retrosplenial (RSP), una zona cerebral que conecta experiencias con lugares, contextos e información almacenada previamente. Aunque recibe menos atención que el hipocampo, la RSP es fundamental para recuperar memorias consolidadas.
En ratones adolescentes tardíos, se observó un descenso marcado en las redes perineuronales del RSP, estructuras similares a una malla que estabilizan conexiones neuronales para preservar información a largo plazo. Esta pérdida temporal podría aumentar la flexibilidad de los circuitos de memoria, pero también dificultar el acceso a recuerdos antiguos.
Estos cambios no se detectaron en el hipocampo cercano, que está muy involucrado en la formación y organización de nuevas memorias, lo que indica que la adolescencia no afecta todas las partes del sistema de memoria de igual forma.
La profesora Jelena Radulovic, autora principal, explicó que el cerebro sigue desarrollándose durante la adolescencia y la adultez joven. “Nuestros resultados comienzan a mostrar cómo ese proceso afecta uno de los circuitos de memoria y su influencia en la recuperación de experiencias previas”, señaló.
Radulovic añadió que aún no se comprenden completamente las consecuencias de las fluctuaciones observadas en las redes perineuronales, pero se cree que su reorganización en la RSP prioriza el acceso a memorias formadas en la adultez en detrimento de las de la adolescencia temprana. Esto podría facilitar la adaptación a los desafíos de la vida adulta.
Actualmente, el equipo investiga si impedir estas fluctuaciones durante la adolescencia podría tener efectos negativos en etapas posteriores.
Estudios previos indicaban que los circuitos de memoria examinados maduraban principalmente en la adolescencia temprana. Sin embargo, estos nuevos datos muestran que una parte importante del sistema entra en una fase temporal de inestabilidad en la adolescencia tardía antes de estabilizarse en la adultez.
Este hallazgo es relevante porque el cerebro humano también continúa desarrollándose más allá de los años adolescentes. Funciones como la planificación, el control de impulsos, la regulación emocional y la toma de decisiones pueden madurar hasta los veinte años tardíos, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
El investigador principal Hui Zhang destacó que “el comportamiento reflejó la biología. La corteza retrosplenial, responsable de memorias más antiguas y consolidadas, mostró un descenso en sus estructuras estabilizadoras, y el acceso a recuerdos formados en etapas tempranas se volvió menos fiable”.
Para evaluar el impacto en la memoria, los científicos expusieron a ratones a una cámara donde recibieron una leve descarga eléctrica en las patas. Cuando se les volvió a colocar en ese entorno poco después, los animales se paralizaron, indicando que recordaban la experiencia desagradable.
Con el tiempo, los ratones entrenados en la adolescencia temprana dejaron de mostrar esta respuesta al ser reexpuestos semanas después, mientras que los adultos entrenados de la misma forma mantuvieron la reacción, lo que sugiere mayor estabilidad en sus recuerdos.
Sin embargo, esos recuerdos adolescentes no se habían borrado. Al ser recordados en un contexto distinto, los ratones mostraron nuevamente miedo al entorno original, demostrando que la información permanecía almacenada pero temporalmente inaccesible.
La pérdida de acceso a los recuerdos se relacionó con la disminución de proteínas necesarias para construir y mantener las redes perineuronales, así como con la reducción de la actividad del factor de crecimiento TGFβ2, que sostiene esas estructuras.
Cuando los investigadores reforzaron las redes o restauraron la actividad de TGFβ2, los animales recuperaron la capacidad de acceder a memorias formadas en etapas anteriores, evidenciando que los cambios estructurales no solo se asociaban con la pérdida de memoria, sino que contribuían directamente a la dificultad para recuperarla.
Para la adultez media, muchos recuerdos inaccesibles reaparecieron sin intervención, aunque con menor especificidad. En lugar de reaccionar solo al lugar donde ocurrió la descarga, los ratones mostraron miedo también en entornos nuevos.
Esta generalización podría representar un compromiso biológico. Recordar la lección emocional general de una experiencia puede ser útil incluso cuando se pierden detalles precisos. Por ejemplo, un encuentro peligroso puede influir en comportamientos futuros aunque los detalles de dónde y cuándo hayan quedado borrosos.
Los autores compararon este patrón con el “pico de reminiscencia”, la tendencia de los adultos a recordar un número inusualmente alto de memorias de la adolescencia y adultez temprana, las cuales suelen conservar un fuerte significado emocional pese a la pérdida de detalles finos.
No está claro si ambos fenómenos comparten la misma base biológica. Los científicos sugieren que el retorno tardío de recuerdos adolescentes podría deberse a un aumento relacionado con la edad de las redes perineuronales, la repetición de experiencias similares, la reproducción de eventos antiguos u otro mecanismo aún no identificado.
Trastornos como la esquizofrenia y la depresión mayor suelen aparecer en la adolescencia tardía, coincidiendo con el periodo de remodelación intensa de circuitos observado en ratones.
Los investigadores plantean que esta inestabilidad temporal podría constituir una ventana sensible de desarrollo. En personas con susceptibilidad genética, alteraciones en este proceso podrían aumentar el riesgo de enfermedades psiquiátricas. No obstante, dado que los experimentos se realizaron en ratones, se requieren más estudios para confirmar si los circuitos de memoria humanos experimentan cambios similares.
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