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Un estudio revela que la geometría de los glaciares altera las estimaciones de pérdida de masa en Svalbard.

Investigadores del Instituto de Investigación Polar han determinado que la velocidad a la que desaparecen los glaciares permanentes no está condicionada exclusivamente por variables climáticas. La morfología y el volumen de estas masas de hielo desempeñan un papel igualmente crítico en el proceso de fusión.
Las conclusiones se fundamentan en registros obtenidos durante varios años de observación sobre los glaciares Aldgond y West Grønfjorden, situados en el archipiélago de Svalbard. El departamento de prensa del instituto precisó que, entre 2013 y 2025, ambas formaciones perdieron aproximadamente entre 18 y 20 metros de masa equivalente a agua.
El comunicado oficial advierte que ignorar el factor geométrico puede derivar en evaluaciones climáticas inexactas cuando estas se basan únicamente en fluctuaciones térmicas. "La rapidez con la que se derriten estos cuerpos helados depende tanto de su configuración como del calentamiento global", señala el texto emitido por la entidad científica.
Para cuantificar el balance de masa, el equipo científico aplicó dos metodologías distintas. Una consideraba las variaciones anuales en la superficie del hielo, mientras que la otra utilizaba como referencia la forma geométrica documentada en 2008. Los resultados indicaron que el desplazamiento de los glaciares hacia cotas más bajas y templadas incrementa la erosión.
En el caso de Aldgond, esta dinámica añade una pérdida extra de entre el 1% y el 2% anual, mientras que en West Grønfjorden oscila entre el 0,5% y el 1%. Estos porcentajes se suman a la reducción atribuible directamente al cambio climático convencional.
Según los expertos, este componente adicional resultó insignificante durante las últimas dos décadas y no alteró la valoración climática general. No obstante, la magnitud de esta pérdida "exagerada" en la masa total se hace más evidente cuanto mayor es la duración del monitoreo y más acelerado resulta el deshielo.
Anton Terikov, investigador principal del instituto, describió el hielo como un organismo vivo en constante transformación. Explicó que, al fundirse, la superficie desciende y el aire cercano a la base se calienta, lo que desencadena un ciclo de fusión progresivamente más rápido.
Los científicos proponen incorporar estos parámetros estructurales en futuros modelos predictivos. Consideran que ajustar las mediciones según la topografía actual permitiría obtener proyecciones más fiables sobre el comportamiento de las reservas heladas en regiones polares.



