Tecnología y ciencia
Un estudio danés vincula la exposición prolongada al ruido del tráfico con un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson, destacando el papel protector de un lado silencioso en el hogar.

Una investigación realizada en Dinamarca reveló que la exposición prolongada al ruido del tráfico en las proximidades del domicilio podría estar asociada a un incremento en el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson. Además, se observó que contar con un lado tranquilo en la vivienda podría reducir este riesgo.
La investigación, publicada en la revista JAMA Neurology, incluyó a más de 3 millones de personas, constituyéndose como uno de los estudios más amplios que han explorado la relación entre el ruido vehicular y esta enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente el movimiento y el equilibrio.
Los autores aclararon que los resultados no demuestran una causalidad directa entre el ruido y el Parkinson, pero sugieren que la contaminación acústica podría ser un nuevo factor ambiental de riesgo a considerar junto a otros factores genéticos y ambientales vinculados a la enfermedad.
El equipo de la Sociedad Danesa contra el Cáncer analizó datos de 3,1 millones de personas mayores de 40 años, quienes fueron seguidas en todo Dinamarca entre los años 2000 y 2017.
Los investigadores utilizaron registros completos de las direcciones residenciales de los participantes desde 1990 y aplicaron modelos para estimar la exposición promedio al ruido del tráfico durante una década, tanto en la fachada del hogar más expuesta al ruido como en la menos expuesta.
Durante el período de seguimiento, se diagnosticaron 20.587 casos de enfermedad de Parkinson, según el registro nacional danés de pacientes.
Los resultados indicaron que por cada aumento de 11,5 decibelios en el nivel de ruido en la fachada más ruidosa del domicilio, el riesgo de padecer Parkinson se incrementaba aproximadamente un 3%, tras ajustar por múltiples factores que podrían influir en los resultados.
Entre estos factores se consideraron la edad, el sexo, el nivel educativo, los ingresos, el estado civil, la densidad poblacional, las áreas verdes circundantes, así como la exposición a la contaminación del aire por partículas finas y ultrafinas.
Al analizar la diferencia entre los niveles de ruido en las fachadas más y menos expuestas, la asociación se fortaleció, mostrando un aumento del riesgo de Parkinson cercano al 6% por cada incremento de 11,5 decibelios en la fachada más ruidosa.
Asimismo, un aumento en el ruido en la fachada menos expuesta se relacionó con un aumento del 4% en el riesgo por cada incremento de 8,9 decibelios.
Los investigadores señalaron que la existencia de una diferencia de 10 decibelios o más entre la fachada ruidosa y la tranquila, lo que indica la presencia de una habitación o área menos expuesta al ruido de la calle, se asoció con una reducción del riesgo de Parkinson en personas que habitan en zonas donde el ruido supera los 50 decibelios.
Este lado silencioso permitiría a los residentes abrir ventanas, dormir y descansar alejados del ruido del tráfico, incluso cuando la vivienda esté ubicada en una calle concurrida.
La exposición al ruido se midió mediante un índice denominado "Lden", que representa el promedio del ruido del tráfico a lo largo del día, con un peso adicional para las horas de la tarde y la noche, debido a su mayor impacto potencial en el sueño y el descanso.
Los resultados fueron similares entre hombres y mujeres, así como entre distintos niveles educativos, ingresos, estados civiles y densidad poblacional. La asociación se mantuvo en un análisis secundario que incluyó datos sobre tabaquismo y actividad física.
Los investigadores advirtieron que la naturaleza observacional del estudio impide confirmar que el ruido del tráfico sea la causa directa del Parkinson. Además, la identificación de casos se basó en datos hospitalarios y registros médicos, lo que podría dejar fuera casos tempranos o no diagnosticados en hospitales.
También señalaron que podrían existir factores relacionados con la residencia en áreas ruidosas que no fueron completamente captados por los modelos estadísticos.
A pesar de estas limitaciones, el tamaño del estudio, la duración del seguimiento, la disponibilidad de datos precisos sobre direcciones residenciales y el ajuste por contaminación del aire fortalecen la fiabilidad de los hallazgos.
Los autores recomendaron implementar políticas urbanísticas que reduzcan la exposición de la población al ruido vial, tales como mejorar el aislamiento de los edificios, regular el tráfico, ubicar dormitorios en las fachadas alejadas de las calles y diseñar viviendas que incluyan un lado o patio silencioso.
Concluyeron que garantizar la existencia de un espacio residencial tranquilo podría ser una estrategia práctica para mitigar los posibles efectos adversos del ruido, incluso en ciudades donde es difícil reducir significativamente el tráfico.
Líbano
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