Cultura y sociedad
Criterios DSM-5 para los trastornos por consumo de sustancias
El DSM-5 establece 11 criterios clave para diagnosticar trastornos por consumo de sustancias, fundamentales para la evaluación y tratamiento adecuados.

El manual DSM-5 establece los criterios que los profesionales de salud mental utilizan para identificar y diagnosticar los trastornos por consumo de sustancias, basándose en once signos clave que indican problemas con drogas y alcohol.
Estos trastornos se caracterizan por patrones dañinos de consumo que afectan la vida diaria y la salud de la persona. Reconocer estos signos es esencial para el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación.
El DSM-5 describe once criterios para diagnosticar trastornos por consumo de sustancias, que permiten a los especialistas detectar patrones perjudiciales de uso de drogas y alcohol. Entre los indicadores principales se encuentran los deseos intensos de consumir, el control deficiente y los síntomas de abstinencia, aspectos fundamentales para intervenir a tiempo y facilitar la recuperación. Comprender estos criterios ayuda a identificar el trastorno y a buscar el tratamiento adecuado.
Los 11 criterios para diagnosticar trastornos por consumo
Los trastornos por consumo de sustancias abarcan diversas problemáticas vinculadas al uso de sustancias y se identifican mediante once criterios específicos:
- Consumo de la sustancia en cantidades mayores o durante un periodo más prolongado del previsto.
- Intentos fallidos de reducir o dejar el consumo.
- Dedicar demasiado tiempo a obtener, usar o recuperarse de la sustancia.
- Experimentar ansias o deseos intensos de consumir.
- No cumplir con responsabilidades laborales, escolares o familiares debido al consumo.
- Continuar el consumo a pesar de problemas en las relaciones interpersonales.
- Abandonar actividades sociales, laborales o recreativas importantes por el consumo.
- Usar sustancias repetidamente en situaciones peligrosas.
- Persistir en el consumo pese a conocer problemas físicos o psicológicos causados o agravados por la sustancia.
- Necesitar cantidades mayores para lograr el efecto deseado (tolerancia).
- Presentar síntomas de abstinencia que se alivian con el consumo de la sustancia.
Estos criterios se agrupan en cuatro categorías principales: dependencia física, uso riesgoso, problemas sociales y control deficiente. Es importante aclarar que la tolerancia y la abstinencia pueden presentarse en personas que toman medicamentos prescritos para condiciones médicas o de salud mental, lo que no implica necesariamente un trastorno por consumo.
Qué es el DSM-5 y su revisión textual
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición con revisión textual (DSM-5-TR), es la versión más reciente del texto estándar de la Asociación Americana de Psiquiatría que clasifica y describe los trastornos mentales, incluyendo las adicciones.
Los criterios para los trastornos por consumo de sustancias en el DSM-5-TR se fundamentan en décadas de investigación y experiencia clínica. Publicado originalmente en 2013, su revisión textual de 2022 actualizó los criterios de más de 70 trastornos, incorporando, por ejemplo, los requisitos para el trastorno neurocognitivo leve inducido por estimulantes.
Los trastornos por consumo se definen mediante once criterios, entre ellos los deseos intensos de consumir, intentos fallidos de reducción, consumo excesivo y persistencia a pesar de consecuencias negativas.
Obtener un diagnóstico oficial es fundamental para recibir el tratamiento adecuado si se sospecha de un trastorno por consumo en uno mismo o un ser querido.
Clases de sustancias reconocidas en el DSM-5-TR
El manual identifica trastornos relacionados con el uso de diez categorías de sustancias:
- Alcohol
- Cafeína
- Cannabis
- Alucinógenos
- Inhalantes
- Opioides
- Sedantes
- Hipnóticos o ansiolíticos
- Estimulantes (incluyendo anfetaminas, cocaína y otros)
- Tabaco
Además de estas categorías principales, el uso de otras sustancias o desconocidas también puede originar trastornos relacionados o adictivos.
El sistema de recompensa cerebral es el motor de muchos problemas asociados al consumo, ya que la sensación placentera generada puede ser tan intensa que la persona descuida otras actividades normales.
Aunque los mecanismos farmacológicos varían entre sustancias, la activación del sistema de recompensa produce sensaciones de placer o euforia, comúnmente denominadas "colocón".
El DSM-5-TR reconoce que la vulnerabilidad a desarrollar trastornos por consumo no es igual en todas las personas; algunas presentan niveles menores de autocontrol que las predisponen a estos problemas si se exponen a las drogas.
Diferencias entre trastornos por consumo y trastornos inducidos
Existen dos grupos de trastornos relacionados con sustancias: los trastornos por consumo y los trastornos inducidos por sustancias.
Los trastornos por consumo se caracterizan por patrones de síntomas derivados del uso continuado de una sustancia a pesar de las dificultades que genera.
Los trastornos inducidos incluyen intoxicación, abstinencia y otros trastornos mentales causados por los efectos directos de sustancias o medicamentos.
Trastornos inducidos por sustancias según el DSM-5-TR
Estos trastornos comprenden problemas originados por el consumo de sustancias y se clasifican en trastornos mentales inducidos, intoxicación y abstinencia.
Entre los trastornos mentales inducidos se encuentran:
- Trastorno psicótico inducido: aparición de delirios o alucinaciones dentro del mes posterior al consumo o abstinencia de alcohol, sustancias ilícitas o medicamentos.
- Trastornos bipolares y relacionados inducidos: manifestación de síntomas maníacos, hipomaníacos o depresivos durante el consumo o abstinencia.
- Trastornos depresivos inducidos: depresión que surge tras el uso de drogas, alcohol o medicamentos, excluyendo síntomas vinculados a intoxicación o abstinencia.
- Trastornos de ansiedad inducidos: ansiedad o ataques de pánico causados por sustancias, que no deben ser síntomas directos de intoxicación o abstinencia para su diagnóstico.
- Trastornos obsesivo-compulsivos inducidos: inicio de síntomas obsesivos y compulsivos causados por sustancias, que generan malestar e interferencia en la vida diaria.
- Trastornos del sueño inducidos: insomnio y otros problemas del sueño relacionados con el consumo.
- Disfunciones sexuales inducidas: dificultades en la excitación, deseo o desempeño sexual causadas por sustancias o medicamentos.
- Delirium inducido: síntomas de delirium derivados de intoxicación por sustancias psicoactivas, medicamentos o alcohol.
- Trastornos neurocognitivos inducidos: deterioro cognitivo leve o grave persistente más allá de la intoxicación y abstinencia aguda, incluyendo efectos por estimulantes como metanfetamina y cocaína.
La revisión textual del DSM-5 incorporó actualizaciones sobre trastornos neurocognitivos inducidos por estimulantes, basadas en estudios que evidencian efectos prolongados en funciones cognitivas tras uso prolongado.
Intoxicación y abstinencia por sustancias
La intoxicación por sustancias, un grupo de trastornos inducidos, describe los síntomas que aparecen bajo la influencia de drogas. Entre los tipos reconocidos están la intoxicación por marihuana, cocaína, metanfetamina, heroína, ácido y delirium por intoxicación.
La abstinencia implica síntomas físicos, cognitivos y conductuales que surgen al reducir o cesar el consumo. Para diagnosticarla, estos síntomas no deben atribuirse a otros trastornos mentales o condiciones médicas.
La abstinencia puede ser grave o incluso mortal en sustancias como alcohol o barbitúricos, mientras que otras sustancias pueden no producir efectos al interrumpir su uso. En algunos casos, como con opioides, la abstinencia puede ocurrir tras un uso breve y médico legítimo.
Los síntomas de abstinencia varían en intensidad y pueden ser peligrosos. Es recomendable consultar al médico para planificar una interrupción segura del consumo.
Diagnóstico de los trastornos por consumo
La evaluación debe realizarla un psiquiatra, psicólogo o consejero autorizado especializado en adicciones. Se pueden emplear análisis de sangre o orina para detectar consumo actual, aunque no existe prueba de laboratorio que confirme dependencia o adicción.
El diagnóstico incluye examen físico, historia médica y preguntas sobre el consumo actual y pasado, considerando frecuencia, cantidad y duración.
Grados de severidad en los trastornos por consumo
El DSM-5-TR permite especificar la gravedad del trastorno según el número de síntomas presentes:
- Leve: dos o tres síntomas.
- Moderado: cuatro o cinco síntomas.
- Grave: seis o más síntomas.
Además, se pueden añadir especificadores como "en remisión temprana", "en remisión sostenida", "en terapia de mantenimiento" o "en ambiente controlado" para describir el estado actual del trastorno.
Conocer la severidad ayuda a profesionales a elegir tratamientos adecuados y mejorar las probabilidades de recuperación.
Opciones de tratamiento y apoyo para el consumo
Si se sospecha de un trastorno por consumo, existen tratamientos efectivos disponibles. El primer paso es consultar a un médico o profesional de salud mental para explorar opciones, que dependerán de la naturaleza y gravedad del consumo.
En algunos casos, la interrupción abrupta puede ser riesgosa o fatal, por lo que se recomienda un plan de desintoxicación supervisado médicamente. También pueden prescribirse medicamentos para manejar síntomas de abstinencia y ansias.
Las modalidades incluyen tratamiento residencial, ambulatorio, hospitalización parcial y comunidades de vida sobria.
El tratamiento puede incorporar psicoterapias como la terapia de mejora motivacional (MET) o la terapia cognitivo-conductual (TCC). Los grupos de apoyo, presenciales o en línea, también contribuyen a la recuperación.
La investigación destaca la importancia del apoyo social adecuado durante la recuperación. Contar con amigos y familiares de confianza, así como participar en grupos mutuos y programas de 12 pasos, puede brindar recursos y respaldo.
No existe un único método para tratar estos trastornos; es fundamental trabajar con el médico para encontrar el enfoque que mejor se adapte a las necesidades individuales y favorezca la recuperación a largo plazo.
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