Cultura y sociedad
Un estudio sobre familias longevas identifica variantes genéticas raras que podrían explicar una mayor duración de la salud y la vida.

Investigadores han identificado una pista genética poco común que podría explicar por qué algunas familias mantienen una salud robusta y viven más tiempo que otras. Este hallazgo proviene del estudio de familias con múltiples miembros longevos, lo que podría revelar cambios genéticos que extienden el período sin enfermedades crónicas ni deterioro cognitivo, conocido como salud prolongada.
La expectativa de vida ha aumentado considerablemente en los últimos dos siglos, aunque ese incremento no siempre se ha traducido en una mejor salud. Los científicos buscan identificar los factores genéticos que contribuyen al envejecimiento saludable con la intención de desarrollar métodos que permitan a más personas conservar su bienestar durante más años.
Estos resultados se presentaron en la conferencia anual de la Sociedad Europea de Genética Humana celebrada en Gotemburgo.
Analizar a personas que alcanzan edades excepcionales puede dificultar distinguir la influencia genética de otros factores como el estilo de vida, el nivel educativo o los ingresos. Mientras algunos individuos de familias con longevidad promedio pueden vivir muchos años, otros de familias longevas no lo logran.
Por ello, los investigadores consideran que examinar familias con longevidad excepcional a lo largo de varias generaciones ofrece una mejor oportunidad para detectar factores genéticos hereditarios vinculados a la longevidad.
Pasquale Putter, estudiante de doctorado en el grupo de la profesora Eline Slagboom en el Centro Médico de la Universidad de Leiden, Países Bajos, presentó resultados del estudio intergeneracional sobre envejecimiento. Citó investigaciones previas que mostraron que adultos de mediana edad con padres longevos desarrollaron enfermedades cardiometabólicas en promedio 13 años más tarde que sus parejas cuyos padres tuvieron vidas más cortas.
“Esto evidenció que su mayor salud prolongada se transmitía a las generaciones siguientes”, explicó Putter.
Para encontrar pistas genéticas, el equipo analizó los genomas de 212 grupos de hermanos longevos inscritos en el Estudio de Longevidad de Leiden. Concentraron su búsqueda en cuatro regiones del genoma donde es más probable encontrar genes relacionados con la longevidad.
“Esto nos permitió limitar el enfoque a 350 genes en lugar de aproximadamente 20,000”, señaló Putter. Un análisis adicional identificó 12 variantes genéticas raras que alteran proteínas dentro de esas regiones y que podrían contribuir a vidas más largas y saludables.
Una de las variantes más interesantes se encontró en el gen CGAS (ciclic GMP-AMP sintasa), previamente vinculado al envejecimiento. Esta variante apareció en dos familias longevas. El gen CGAS activa la respuesta inflamatoria del cuerpo cuando detecta ADN en lugares donde no debería estar dentro de una célula, como ocurre durante infecciones virales o daños celulares.
“Es probable que los miembros de estas familias tuvieran solo una copia activa del gen CGAS, en lugar de dos, lo que habría reducido la respuesta inflamatoria en sus cuerpos pero manteniendo suficiente capacidad para eliminar infecciones y reparar daños. Esto contribuiría a los mecanismos protectores que permiten extender la salud prolongada y la supervivencia”, explicó Putter.
Agregó que esperan que este enfoque familiar ayude a separar los factores ambientales de los genéticos, especialmente aquellos relacionados con mutaciones raras. “Nos ha sorprendido la magnitud del efecto de la mutación CGAS en los experimentos in vitro que hemos realizado hasta ahora”.
Los investigadores advierten que estos hallazgos están en una etapa inicial y que los efectos del gen CGAS dependen mucho del contexto. Bloquear completamente la vía CGAS podría aumentar la vulnerabilidad a infecciones y cáncer, mientras que su activación excesiva puede causar inflamación crónica y daño tisular. Por ello, se requiere más investigación antes de considerar aplicaciones médicas.
Actualmente preparan experimentos in vivo en el Instituto Max Planck para la Biología del Envejecimiento en Colonia, Alemania. Introducirán la mutación CGAS en killifish para verificar si los cambios observados en laboratorio también ocurren en organismos vivos.
“Los killifish son los vertebrados con vida más corta, con una duración natural entre tres y nueve meses. Usarlos como modelo nos permitirá determinar si la mutación contribuye a una mayor longevidad en comparación con grupos control, además de investigar sus efectos en la salud de los tejidos”, indicó Putter.
“También planeamos continuar la investigación sobre otras variantes candidatas prometedoras identificadas en el Estudio de Longevidad de Leiden mediante colaboraciones con otros grupos”.
El profesor Alexandre Reymond, presidente de la conferencia y no involucrado en el estudio, señaló que este trabajo podría tener amplias implicaciones para la investigación del envejecimiento. “Estos hallazgos permiten a nuestra comunidad enfocarse en factores vinculados a la longevidad y, lo que es más importante, señalan elementos clave para extender la salud prolongada de todos”.
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