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Cultura y sociedad

Cómo afecta a los hermanos la discapacidad o enfermedad mental de un niño

El comportamiento agresivo de niños con discapacidades o trastornos mentales puede dañar a sus hermanos y generar desafíos para los padres en el hogar.

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Cómo afecta a los hermanos la discapacidad o enfermedad mental de un niño
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En Estados Unidos, aproximadamente el 20 % de los niños han sido diagnosticados con algún trastorno mental, emocional o conductual, y estas condiciones tienden a aumentar con la edad. Muchos de estos niños conviven en familias con varios hijos, lo que obliga a los padres a equilibrar las necesidades individuales de cada niño mientras fomentan relaciones fraternales saludables.

En hogares donde uno de los niños presenta una discapacidad o problemas de salud mental, es posible que los hermanos mantengan vínculos positivos, incluso cuando la condición sea grave. Las relaciones cálidas entre hermanos son fundamentales para la salud mental a lo largo de la vida y contribuyen a un ambiente familiar tranquilo. Sin embargo, en ocasiones estas relaciones se tornan difíciles y los padres requieren apoyo para proteger a sus hijos y garantizar su seguridad.

Los niños con trastornos mentales, conductuales o discapacidades intelectuales pueden manifestar conductas agresivas hacia sus hermanos, lo que en algunos casos provoca daños físicos o emocionales. Estas conductas pueden estar relacionadas con cambios repentinos o estados de ánimo prolongados. Los padres observan que, ante la frustración, su hijo puede reaccionar con ira frente a personas o situaciones, derivando en comportamientos agresivos. Además, algunos niños creen que recurrir a la agresión es una forma justificada de resolver conflictos.

Los hermanos que sufren estas conductas, sobre todo si son frecuentes o impredecibles, pueden experimentar ansiedad y miedo. En ciertos casos, un hermano es el único blanco de la agresión de su hermano o hermana, lo que convierte el hogar en un espacio de tensión para el afectado, quien puede sentirse perturbado y avergonzado por el comportamiento agresivo. Los padres también notan que los hermanos afectados y otros niños de la familia, especialmente los menores, pueden empezar a imitar esas conductas agresivas.

Desafíos de los padres con hijos que presentan conductas agresivas

Los padres que tienen un hijo con discapacidad o problemas de salud mental enfrentan la dificultad de apoyar a ese niño mientras intentan detener su comportamiento perjudicial hacia sus hermanos. No es raro que experimenten un estrés considerable al tratar de equilibrar las necesidades y la seguridad de todos sus hijos.

Existe preocupación legítima por el impacto en la salud mental y física de los hermanos que han sido lastimados, especialmente si la agresión ha sido traumática. El daño entre hermanos está vinculado con síntomas como depresión, trastornos del sueño y otros efectos negativos.

Las conductas agresivas en niños con discapacidades o trastornos mentales pueden ser persistentes y agravarse con el tiempo, lo que puede llevar a los padres a sentirse abrumados y desesperanzados. El estrés prolongado en la crianza puede disminuir la calidez y eficacia en la parentalidad, y algunos padres pueden sentir que han fallado o que no son buenos cuidadores. Tanto madres como padres pueden experimentar estas emociones, por lo que es fundamental que se cuiden a sí mismos y se apoyen mutuamente para mantener la energía necesaria para fomentar relaciones saludables entre sus hijos.

Estrategias para mejorar las relaciones fraternales y proteger a los niños

Los padres juegan un papel crucial en las relaciones entre hermanos, aunque a menudo desconocen cómo apoyar eficazmente a cada niño en estas circunstancias, especialmente cuando han probado varias soluciones sin éxito. También pueden tener dificultades para acceder a recursos adecuados que ayuden a sus hijos y alivien sus propias preocupaciones.

Para asistir a padres, niños y hermanos, se sugieren varias recomendaciones prácticas. Fomentar una relación positiva entre hermanos puede comenzar desde la primera infancia. Incluso en la etapa de los primeros años, los padres pueden generar oportunidades para que los hermanos compartan actividades que disfruten juntos, reconociendo y elogiando cualquier muestra de comportamiento amable y positivo.

Para reducir conductas agresivas como golpes o empujones, es útil enseñar a los niños formas constructivas de manejar y resolver conflictos. Existen recursos gratuitos que guían a los padres en la educación del comportamiento fraternal, como programas denominados Play Nicely y SAARA.

Los hermanos afectados pueden expresar sus preocupaciones a los padres, quienes deben estar dispuestos a dialogar sobre las conductas perjudiciales y tomar medidas para proteger al niño afectado. Estas conversaciones pueden incluir información sobre el trastorno o discapacidad del hermano, al tiempo que se promueven habilidades emocionales y cognitivas para afrontar la situación, como la expresión calmada y la resolución de problemas. Es fundamental asegurar a los niños que merecen siempre ser tratados con cuidado y respeto.

Las relaciones fraternales pueden mejorar cuando los niños disponen de tiempo separados, ya sea en actividades individuales con un padre o fuera del hogar, incluso con amigos. Los hermanos pueden mantener su vínculo a través de momentos compartidos en familia, intereses comunes o actividades cotidianas.

En general, los padres deben supervisar que se satisfagan las necesidades de cada niño y que las relaciones entre hermanos sean seguras y saludables. Si observan que un niño evita a su hermano, está inusualmente callado o presenta dificultades para dormir, comer, participar en sus pasatiempos habituales, relacionarse con amigos o cumplir con sus responsabilidades escolares, puede ser necesaria la intervención externa.

Recursos y apoyo para familias con dinámicas complejas

La educación parental y la terapia dirigida a cada miembro de la familia pueden mejorar la comunicación y las relaciones dentro del hogar. Si los cambios conductuales se deben a que el comportamiento de un hermano es grave o incluso abusivo, es imprescindible garantizar la seguridad de los niños. Pediatras, centros de recursos familiares y organizaciones como la National Alliance on Mental Illness (NAMI) ofrecen apoyo en planificación de seguridad, recursos y derivaciones.

Para localizar un terapeuta cercano, se recomienda consultar el directorio de terapia de Psychology Today.

Referencias:

  • Tucker, C. J., Whitworth, T. R., & Finkelhor, D. (2023). What is the line? When does sibling conflict, teasing, and roughhousing become something more serious? (SAARA Bulletin #4). Crimes against Children Research Center, University of New Hampshire. https://www.unh.edu/saara/publication/what-line-when-does-sibling-conflict-teasing-roughhousing-become-something-more-serious
  • Whitworth, T. R., & Tucker, C. J. (2024). Promoting positive sibling relationships: Practical tips for caregivers. Crimes against Children Research Center, University of New Hampshire. https://www.unh.edu/saara/publication/promoting-positive-sibling-relationships-practical-tips-caregivers
  • Whitworth, T. R., Martell, L., Tucker, C. J., & Finkelhor, D. (2025). When is it unsafe for siblings to live together? (SAARA Bulletin #10). Crimes against Children Research Center, University of New Hampshire. https://www.unh.edu/saara/publication/when-it-unsafe-siblings-live-together
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