Cultura y sociedad
Los niños en cuidado de crianza enfrentan riesgos elevados de trastornos mentales y requieren apoyo constante para superar traumas y adaptarse.

Los niños que viven en hogares de cuidado de crianza enfrentan dificultades que afectan considerablemente su salud mental y conductual. Este entorno puede generar trastornos como ansiedad, depresión y estrés postraumático, debido a la inestabilidad y el trauma que experimentan.
El ingreso al sistema de cuidado de crianza suele ser una experiencia traumática, ya que muchos niños son removidos de sus hogares por abuso o negligencia. Además, deben adaptarse a cambios constantes de residencia, pasando de un hogar a otro o regresando temporalmente con sus familias biológicas antes de volver al sistema.
Aunque el objetivo del cuidado de crianza es ofrecer un hogar temporal y protector hasta la reunificación familiar o una colocación permanente, más de 20,000 niños salen anualmente del sistema sin alcanzar estas metas.
En numerosos casos, los niños son retirados de sus hogares por maltrato, abuso o negligencia, lo que implica que han sufrido traumas físicos, emocionales o psicológicos. También pueden enfrentar situaciones traumáticas derivadas de otras circunstancias, como la encarcelación o fallecimiento de los padres o problemas de adicción en la familia.
Ebony E. White, PhD, LPC, NCC, ACS, señala que "en el cuidado de crianza, los niños experimentan mudanzas frecuentes e interactúan con muchas personas a lo largo de su recorrido. Esta inestabilidad genera pérdidas, comenzando con la separación de su primera familia". Este proceso constante de "empezar de nuevo" puede provocar dificultades en el apego y la desvinculación, afectando su capacidad para establecer relaciones saludables.
Sin el apoyo adecuado o tratamiento, estos niños pueden tener problemas para procesar y recuperarse de sus experiencias, manifestando síntomas físicos, mentales y emocionales que pueden prolongarse hasta la adultez. Por ello, requieren atención continua de sus tutores, trabajadores sociales y agencias estatales.
Los niños en cuidado de crianza se encuentran entre los grupos más vulnerables y presentan altas tasas de problemas mentales y conductuales. La separación abrupta de su hogar y la colocación en entornos desconocidos suelen generar sentimientos de ira, confusión, miedo y desconfianza.
John DeGarmo, EdD, fundador del Instituto de Cuidado de Crianza, indica que muchos niños se cuestionan: "¿Por qué estoy aquí? ¿Hice algo mal? ¿Mis padres ya no me quieren? ¿Cuánto tiempo estaré aquí?"
Estos niños tienen un riesgo elevado de desarrollar trastornos mentales y enfrentan consecuencias negativas a largo plazo. Entre los trastornos más comunes se encuentran la ansiedad, la depresión, el trastorno por estrés postraumático y problemas de conducta. También es frecuente la presencia de trastornos comórbidos y la participación en conductas de riesgo como violencia, consumo de sustancias y delincuencia.
DeGarmo añade que "los niños en cuidado de crianza suelen tener dificultades con la confianza, el apego y la ansiedad". Asimismo, enfrentan problemas emocionales significativos, como baja autoestima y necesidad de control, que dificultan la formación de relaciones afectivas saludables.

Si bien algunos niños son reunificados con sus familias biológicas o adoptados, muchos otros alcanzan la mayoría de edad sin apoyo suficiente para vivir de forma independiente. Estos jóvenes, conocidos como "care leavers", presentan mayores problemas de salud mental y conductual que sus pares no acogidos y tienen mayor probabilidad de ser encarcelados.
Entre los jóvenes que han tenido cinco o más cambios de residencia en el sistema, aproximadamente el 90% se involucra con el sistema de justicia penal.
La transición a la adultez e independencia es especialmente complicada para ellos, debido a la escasez de apoyo, lo que incrementa el riesgo de exclusión social, falta de vivienda, desempleo, bajo nivel educativo, dificultades financieras y problemas conductuales. Esta situación afecta particularmente a jóvenes LGBTQ+, jóvenes de color y aquellos con diagnósticos de enfermedades mentales.
Para facilitar esta etapa, es necesario brindarles asistencia educativa, capacitación laboral, apoyo para la vivienda y ayuda financiera, ya que sus principales preocupaciones están relacionadas con factores sociales como la vivienda, el empleo, las finanzas y el acceso a servicios de salud.
Estudios indican que hasta un 80% de los jóvenes en cuidado de crianza presentan problemas graves de salud mental o conductual que requieren intervención. Sin embargo, muchos de estos trastornos no reciben tratamiento adecuado, y con frecuencia se responsabiliza a los niños por su comportamiento en lugar de ofrecerles apoyo.
La doctora Ebony White enfatiza que "los niños necesitan estructura, límites, consistencia, afecto y atención". Añade que es fundamental brindarles estabilidad y coherencia para favorecer su bienestar mental, emocional y social.
La permanencia en el sistema de cuidado de crianza expone a los niños a un alto riesgo de desarrollar dificultades médicas, conductuales y emocionales. Además, muchos no satisfacen sus necesidades básicas, enfrentando problemas como falta de vivienda, inseguridad alimentaria, dificultades financieras, maltrato o negligencia, lo que impide cubrir otras necesidades humanas esenciales como conexión, intimidad, amor, independencia y autorrealización.
John DeGarmo señala que "es importante que los niños en cuidado de crianza reciban terapia profesional y servicios de consejería". También destaca que los padres de crianza deben garantizar seguridad, protección, consistencia y sentimientos de amor incondicional, además de mostrar paciencia, comprensión, compasión y ausencia de juicio para que el niño pueda sanar y prosperar.



