Salud
Seis señales de leucemia infantil que requieren evaluación médica
La doctora Amita Mahajan, especialista en oncología pediátrica del Hospital Indraprastha Apollo de Nueva Delhi, identifica seis síntomas clave —como fiebre persistente, palidez, moretones espontáneos y dolores óseos— que, si aparecen de forma recurrente o combinada, justifican una consulta con el pediatra.

La fiebre es un síntoma frecuente en la infancia, especialmente durante los cambios estacionales y los brotes de infecciones virales. En la mayoría de los casos, se vincula a procesos leves y autolimitados. Sin embargo, su persistencia o reaparición atípica —sobre todo cuando coexiste con otros signos— debe motivar una valoración por parte del pediatra para descartar trastornos que exijan diagnóstico especializado.
Las seis alertas clínicas más relevantes
En el marco del Mes Mundial de Concienciación sobre el Cáncer Infantil, celebrado cada septiembre, y con motivo del Día Mundial de la Leucemia el 4 de septiembre, la doctora Amita Mahajan, consultora principal en oncología pediátrica del Hospital Indraprastha Apollo en Nueva Delhi, detalló los indicadores clínicos que los cuidadores deben observar con atención. La leucemia, cáncer que afecta la sangre y la médula ósea, interfiere con la producción normal de glóbulos rojos, blancos y plaquetas.
Según Mahajan, las señales que merecen seguimiento son: fiebre continua o recurrente; fatiga y debilidad inusuales, acompañadas de palidez cutánea; aparición de equimosis sin traumatismo previo o epistaxis repetida; dolor óseo o articular; pérdida de apetito o descenso de peso sin causa identificable; y episodios infecciosos frecuentes o de duración prolongada.
Cuándo acudir al pediatra
Mahajan subrayó que ninguno de estos síntomas, tomado de forma aislada, constituye un diagnóstico de leucemia. Muchos tienen origen en patologías comunes de la edad pediátrica. Lo que eleva el nivel de sospecha es su persistencia, su recurrencia o su aparición simultánea en varias formas.
No basta con una sola fiebre, un episodio aislado de cansancio o una contusión ocasional para plantear un riesgo oncológico. Pero sí resulta indicativo consultar al pediatra si el niño mantiene fatiga tras superar una infección, presenta moretones inexplicables, experimenta fiebres reiteradas, refiere dolores óseos o articulares de forma constante, o sufre infecciones recurrentes cuya evolución resulta inusualmente lenta.
Aunque la repetición de infecciones es habitual en niños expuestos a entornos colectivos como guarderías o escuelas, la frecuencia, duración y gravedad de dichos episodios pueden ser parámetros decisivos para decidir si se requieren estudios complementarios. En función de la historia clínica y la exploración física, el pediatra puede solicitar una analítica sanguínea completa (CBC) como primer paso diagnóstico.
El papel del diagnóstico temprano
Si los resultados del CBC revelan alteraciones significativas, el paciente será derivado a un especialista en hematología y oncología pediátrica para una evaluación más profunda. Mahajan explicó que la clasificación precisa del tipo de leucemia —por ejemplo, linfoblástica aguda o mieloide aguda— es fundamental, ya que determina directamente la estrategia terapéutica y se ajusta a la condición general del menor.
Los protocolos de tratamiento están validados internacionalmente y suelen incluir quimioterapia como eje central. Otras modalidades terapéuticas, como la radioterapia o el trasplante de progenitores hematopoyéticos, se consideran según la respuesta individual, el subtipo de enfermedad y los factores pronósticos.
Una orientación para las familias
La especialista enfatizó que no corresponde a los padres ni a los cuidadores alarmarse ante cada episodio febril, cada moretón leve o cada jornada de letargo. Estos fenómenos son habituales y suelen tener causas benignas y múltiples. No obstante, tampoco deben minimizarse ni atribuirse automáticamente a infecciones estacionales cuando se presentan de forma inusual, prolongada o asociada.
Mahajan recomendó adoptar una mirada integral sobre el estado de salud del niño, más allá de un solo síntoma. La combinación o repetición de fiebre, equimosis sin causa, astenia marcada, palidez, infecciones recurrentes, dolor óseo o pérdida de peso sin explicación constituye un conjunto que justifica una evaluación médica formal.
Subrayó que el diagnóstico de leucemia nunca se establece únicamente con base en los síntomas. Requiere confirmación mediante pruebas objetivas: análisis de sangre, aspirado de médula ósea, estudios citogenéticos y, en algunos casos, imágenes diagnósticas. Por ello, acudir al pediatra ante la presencia de signos persistentes o atípicos es la medida adecuada para identificar la causa real y garantizar una intervención oportuna y adecuada.
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