Cultura y sociedad
El descenso acelerado de la tasa de fertilidad en varios países árabes genera preocupación sobre el futuro demográfico y económico de la región.

Quizás los egipcios recuerden la canción "Hasanin y Mohamadin", popular en los años ochenta y símbolo de una de las campañas más grandes a favor de la planificación familiar en el país más poblado del mundo árabe. Posteriormente, surgieron otras campañas con la participación de artistas y figuras sociales, con lemas como "El hombre no es solo con su palabra, sino con el cuidado de su hogar y familia" y "El apoyo no está en la cantidad, dos son suficientes".
Estas iniciativas no comenzaron en esa época, sino que fueron precedidas por políticas de planificación familiar desde principios de los años sesenta del siglo XX. En aquel entonces, se escuchaba en medios y entre la élite intelectual la asociación entre el progreso occidental y la baja densidad poblacional, así como las dificultades económicas que enfrentaba China debido a su alta población.
Los mensajes transmitían que la superpoblación era la raíz de los problemas económicos, el estancamiento del desarrollo, la escasez de servicios y el aumento del desempleo. Sin embargo, nadie explicaba que el progreso de un país no depende exclusivamente del número de habitantes, sino de la calidad de sus políticas económicas y educativas, y de la capacidad gubernamental para convertir a la población en una fuerza productiva.
Esta perspectiva no se limitó al mundo árabe, sino que se extendió a muchas naciones en desarrollo, influenciadas por teorías demográficas que vinculaban el desarrollo económico con la reducción de la tasa de natalidad. Instituciones internacionales y donantes apoyaron programas de planificación familiar bajo la premisa de que disminuir el número de nacimientos facilitaría la mejora de servicios de salud, educación y aliviaría las presiones económicas.
Estas ideas encontraron terreno fértil ante la incapacidad de los gobiernos para enfrentar el crecimiento demográfico, lo que incrementó el desempleo y los desafíos en vivienda y servicios públicos. Por ello, se difundieron campañas de concienciación sobre planificación familiar con distintos grados de intensidad según el país.
No obstante, no se esperaba que en algunas sociedades las tasas de fertilidad disminuyeran más rápido de lo previsto, y que tras décadas de altas tasas de natalidad surgiera preocupación por la baja natalidad, en un contexto de crisis económicas que convirtieron el matrimonio y la procreación en un lujo inaccesible.
Al crecer, se observó que Occidente enfrentaba problemas de escasez poblacional y envejecimiento debido a la baja natalidad y al aumento de la esperanza de vida. Incluso China, que en 1978 implementó la política del hijo único, la revocó a finales de 2015 para permitir dos hijos por familia, aunque desde 2022 la población comenzó a decrecer, lo que llevó a expertos a advertir sobre un declive demográfico severo difícil de revertir a corto plazo.
Situaciones similares se presentan en Japón y Corea del Sur, dos de las mayores economías vecinas de China, que enfrentan una reducción creciente en su fuerza laboral. Europa, que vivió un auge demográfico tras la Segunda Guerra Mundial, experimenta desde mediados de los setenta una caída notable en la fertilidad junto con un aumento en la longevidad, lo que ha generado alertas sobre el impacto económico de la disminución poblacional.
Países árabes que en su momento tomaron a Europa como ejemplo en planificación familiar comenzaron a implementar a finales del siglo XX políticas de apoyo a la familia, como incentivos para la natalidad, aumento de la edad de jubilación y reforma de los sistemas de pensiones, además de abrir sus fronteras a migrantes para compensar la escasez de trabajadores en el continente envejecido.
En ese entonces, se pensaba que la situación del mundo árabe era diferente, y pocos imaginaban que también enfrentarían envejecimiento poblacional y preocupaciones por la baja natalidad. Hace tres años, expertos señalaron que la caída en la fertilidad se había convertido en una crisis global que afecta a todos los países, no solo a los desarrollados. En 2021, 124 países registraron una tasa de fertilidad inferior a dos hijos por mujer.
El mundo árabe no está ajeno a esta tendencia, y parece que los esfuerzos en planificación familiar "tuvieron más éxito del esperado". En años recientes, se ha intensificado el debate sobre el riesgo de baja fertilidad, especialmente en países como Marruecos, Argelia y Túnez.
Un estudio francés reciente del Instituto Nacional de Estudios Demográficos reveló cambios en la estructura etaria de Marruecos, Argelia y Túnez, advirtiendo que estos países enfrentarán un envejecimiento acelerado en las próximas décadas. El informe señala que tras una rápida transición demográfica en el último tercio del siglo XX, cuando la tasa de fertilidad alcanzaba siete hijos por mujer en los setenta, hoy presentan niveles "bajos" o "muy bajos" debido a cambios significativos en los comportamientos reproductivos.
En 2024, la tasa de fertilidad descendió a 1.53 hijos por mujer en Túnez y 1.97 en Marruecos, mientras que en Argelia es de 2.61 con una tendencia a la baja. Esta realidad no se limita al norte de África, pues otros países árabes muestran patrones similares en diferentes grados, lo que indica una transformación demográfica amplia cuyos efectos podrían ser más evidentes en las próximas décadas.
Especialistas advierten que si esta tendencia continúa, podría acelerarse el envejecimiento poblacional y disminuir la proporción de personas en edad laboral, lo que impactaría negativamente en el crecimiento económico, la productividad y la financiación de los sistemas de bienestar social.
La reducción de la fertilidad no responde a una sola causa, sino a la interacción de factores económicos, sociales y culturales. En el ámbito económico, el aumento de los costos de vida, vivienda, educación y salud ha incrementado la carga financiera de criar hijos. Además, amplios sectores de jóvenes posponen el matrimonio debido a la inestabilidad económica y al uso generalizado de métodos anticonceptivos.
En lo social, el incremento en los niveles educativos, especialmente entre mujeres, y la mayor participación femenina en el mercado laboral, junto con cambios en estilos de vida y aspiraciones individuales, han modificado las dinámicas familiares. La urbanización y expansión de las ciudades han reducido el modelo de familia extensa predominante en sociedades agrícolas, donde la abundancia de hijos representaba una fuente de fuerza económica y social.
Los medios de comunicación y la cultura digital también han influido en la redefinición de conceptos sobre familia, matrimonio y procreación, alineándose con transformaciones globales más amplias.
El estudio francés destacó que la caída continua de la fertilidad ha alterado la estructura etaria en los tres países del Magreb, señalando a Túnez como el más envejecido, con un aumento de la población mayor de 60 años del 8% al 17% entre 1997 y 2024. Marruecos y Argelia también presentan altos índices de envejecimiento, que se espera se aceleren en las próximas décadas.
Una investigación de la Universidad de Sharjah, publicada a finales de 2024, alertó sobre la disminución de la fertilidad en el mundo árabe, atribuyéndola a factores económicos, culturales, así como a guerras y conflictos. El estudio analizó datos de 2011 a 2021 y detectó una reducción general en las tasas de fertilidad que varió entre 3.8% y 24.3%.
Un informe del Centro del Golfo para Estudios e Investigaciones, de 2022, señaló una caída notable en la fertilidad en Kuwait, que pasó de siete hijos en los años sesenta a solo dos en 2021, acompañado de un descenso en el crecimiento poblacional, que fue del 1.8% en 2021 frente al 2.5% en 2015.
En Egipto, el país árabe más poblado, un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas indicó que la tasa global de fertilidad bajó de 3.5 hijos por mujer en 2014 a 2.76 en 2022. El Ministerio de Salud y Población informó que en 2024 la tasa se redujo a 2.41 hijos por mujer.
En Arabia Saudita, las tasas de natalidad disminuyeron un 39.8% entre 2020 y 2023, mientras que datos oficiales reportaron una caída del 10% entre 2017 y 2022.
Al-Jazeera entrevistó al profesor de sociología de la Universidad de Túnez, Nour Al-Alawi, quien afirmó que las cifras indican la entrada en la era del envejecimiento en el mundo árabe, con una pirámide poblacional que pronto invertirá su forma, mostrando más personas mayores que jóvenes.
Al-Alawi considera que algunos países árabes podrían verse obligados a adoptar medidas similares a las de China para incentivar el matrimonio y la natalidad, con el fin de evitar el envejecimiento que actualmente afecta a Europa. Señaló a Túnez como ejemplo de cómo la reducción de nacimientos ha provocado escasez de mano de obra.
Por su parte, el académico egipcio Ayman Zuhri considera que hablar de envejecimiento poblacional es un fenómeno a largo plazo y afirmó a la agencia Anadolu que la baja actual en la fertilidad no tendrá impacto en el corto plazo. El economista Ali Al-Idrisi señaló que aunque la caída en la fertilidad tiene efectos limitados ahora, traerá importantes consecuencias futuras para la economía, el crecimiento y el mercado laboral, y subrayó la necesidad de una gestión inteligente y equilibrada del cambio demográfico.
Al-Idrisi explicó que la baja fertilidad puede ser una oportunidad para reconstruir la economía basada en productividad, conocimiento y tecnología, aliviando la presión sobre los servicios de educación y salud y aumentando el gasto público per cápita. Sin embargo, advirtió que si no se planifica adecuadamente, el descenso poblacional podría generar escasez de trabajadores, mayores cargas de dependencia y aumento de costos en pensiones, seguros y atención sanitaria.
En 2017, el Fondo de Población de las Naciones Unidas advirtió que los países árabes enfrentan un problema creciente por el aumento constante de personas mayores, lo que plantea retos económicos, sociales y sanitarios. Según sus datos, la población de 60 años o más se multiplicará por seis en 2045 respecto a 2000.
Actualmente, el mundo árabe no enfrenta una crisis de escasez poblacional en sentido estricto, pero se aproxima a una nueva etapa que exige replantear las políticas demográficas en su conjunto. El desafío no reside en el aumento o disminución de la población per se, sino en alcanzar un equilibrio que garantice una fuerza laboral suficiente para sostener la economía y el desarrollo, sin que la presión demográfica se convierta en una carga para los recursos y servicios.
El informe sobre la situación demográfica de 2025 destaca que millones de personas desean tener hijos pero no pueden hacerlo, no por rechazo a la paternidad o maternidad, sino debido a presiones económicas, inseguridad laboral y temor al futuro.
Durante décadas, la región temió un "estallido demográfico", pero las tendencias actuales abren una inquietud diferente: ¿qué pasará si en unos años los países árabes descubren que la riqueza que intentaron reducir es justamente la que necesitan para mantener el crecimiento y la vitalidad económica? Entonces, la pregunta cambiará de "¿cómo reducir la población?" a "¿cómo mantener una sociedad joven, capaz de procrear, trabajar y producir?".



