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El llamado "acuerdo de Trump" genera tensiones en Teherán, con ataques del Cuerpo de Guardianes contra el ministro de Exteriores iraní Abbas Iraqchi.

El posible acuerdo con Washington ha provocado una fractura profunda en el ámbito político de Teherán, situando al ministro de Exteriores iraní, Abbas Iraqchi, en el centro de las críticas de los sectores más duros y de los líderes del Cuerpo de Guardianes de la Revolución.
Mientras el gobierno de Masud Pezeshkian intenta presentar el acuerdo como una salvación para la economía iraní, los conservadores han abierto un frente de confrontación contra la diplomacia oficial. Consideran que las recientes negociaciones representan una "negociación" y una cesión estratégica que afecta las cartas de poder nuclear y regional del país, trasladando el conflicto desde espacios cerrados hasta el parlamento y las calles.
El desencadenante de la disputa pública surgió en medios vinculados a la facción dura, con la agencia "Fars", cercana al Cuerpo de Guardianes, lanzando un ataque severo contra Abbas Iraqchi. Calificaron su discurso diplomático de "ambiguo y débil" por no responder de forma clara a las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump.
La agencia atribuyó a sus fuentes un rechazo absoluto a la existencia de entendimientos inminentes en Ginebra, describiendo las noticias difundidas como rumores infundados. Esta postura coincidió con el retroceso de la agencia oficial "Irna", que eliminó detalles del acuerdo que había publicado anteriormente, reflejando la confusión en el núcleo decisorio iraní.
La controversia interna se complicó cuando Donald Trump intervino en la crisis mediante su plataforma "Truth Social", republicando un tuit de Iraqchi que tranquilizaba a la opinión pública sobre la próxima formulación del acuerdo final, tras acusar a medios iraníes de difundir información falsa.
Este movimiento político pronto trascendió las negociaciones y se convirtió en protestas ruidosas en las calles. En Teherán y en la ciudad de Mashhad, se registraron concentraciones masivas frente al Ministerio de Exteriores, donde manifestantes corearon consignas contra Iraqchi, acusándolo de "negociar" y exigiendo su dimisión inmediata. Ante esta situación, el ministro apareció en la televisión oficial para intentar calmar el malestar y justificar la postura diplomática del gobierno.
El parlamento iraní tampoco permaneció ajeno a esta crisis. Los diputados conservadores lanzaron un ataque parlamentario contundente. El legislador Mahmoud Nabavian calificó el borrador del acuerdo como una tutela estadounidense sobre el futuro nuclear iraní y una cesión inaceptable respecto al uranio enriquecido.
En paralelo, Hossein Shariatmadari, representante del líder supremo en el diario "Kayhan", dirigió sus críticas hacia el presidente del parlamento Qalibaf y el ministro Iraqchi, advirtiendo sobre la cesión del estrecho de Ormuz, la principal carta estratégica de presión del país, para su reapertura en el marco del acuerdo.
A pesar de los intentos del presidente Pezeshkian por contener la situación y defender a su equipo frente a las acusaciones de "traición", llamando a las corrientes políticas a respetar la orientación del líder supremo Mojtaba Jamenei, el tono militar prevaleció. Diputados radicales insistieron en que cualquier negociación política debe ir acompañada del lenguaje de "misiles y drones", calificando la paz con Washington como una ilusión imposible.
Así, la dirección iraní enfrenta una doble problemática: avanzar en un entendimiento externo con Trump mientras evita una crisis política interna que podría llevar las relaciones bilaterales a un punto de ruptura.



