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El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, lanzó formalmente su campaña para un cuarto mandato, con la defensa de la soberanía nacional como eje central, en medio de una ajustada contienda frente a Flávio Bolsonaro.

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, ha anunciado oficialmente su candidatura a las elecciones presidenciales de octubre próximo. A sus 80 años, busca un cuarto mandato bajo una plataforma que sitúa la defensa de la soberanía nacional como prioridad absoluta.
Este posicionamiento se inscribe en un escenario marcado por tensiones con Estados Unidos, derivadas de disputas comerciales y aranceles impuestos por la administración del presidente estadounidense Donald Trump sobre importaciones brasileñas. Dichos aranceles fueron posteriormente levantados tras gestiones diplomáticas llevadas a cabo desde Brasilia.
Lula competirá con el respaldo de una coalición integrada por seis partidos políticos. En la fórmula presidencial se mantiene Gerardo Alckmin como candidato a la vicepresidencia, repitiendo la alianza que lo condujo a la victoria en las elecciones de 2022.
Flávio Bolsonaro lidera el bloque conservador tras la exclusión definitiva de su padre del escenario político, tras ser condenado por intentar impedir la transición de poder a Lula tras los comicios de 2022. El candidato conservador cuenta con apoyo político explícito del presidente argentino Javier Milei y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.
Por su parte, el Partido Liberal nominó a Michelle Bolsonaro, ex primera dama, como candidata al Senado, pese a las recientes divergencias públicas dentro de la familia Bolsonaro sobre la dirección del movimiento conservador.
Según las más recientes encuestas del instituto Datafolha, Lula registra un 48 % de intención de voto, frente al 43 % de su contrincante. Esa estrecha diferencia refleja una contienda altamente polarizada y sugiere una nueva elección presidencial de gran intensidad, similar al proceso electoral anterior, decidido por un margen mínimo.
Aunque durante el actual mandato de Lula el crecimiento económico brasileño ha sido notable y las tasas de empleo alcanzaron niveles elevados, persisten desafíos estructurales: el aumento sostenido del costo de vida, el déficit fiscal en expansión y las preocupaciones ciudadanas por la inseguridad pública, vinculada al poder de la delincuencia organizada.
Los asuntos de corrupción también marcan la campaña. Flávio Bolsonaro enfrenta investigaciones por haber solicitado financiación a un banquero acusado de fraude para la producción de una película sobre su padre. Paralelamente, fue abierto un expediente judicial contra Luís Cláudio da Silva, hijo del presidente Lula —conocido en los medios como “Lulinha”—, por sospechas de actos de corrupción y uso indebido de influencia.
Estos hechos consolidan una imagen de elecciones profundamente divididas entre izquierda y derecha, cuyo resultado definirá el rumbo del mayor economía de América Latina en los próximos años.
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