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Moldova busca acelerar su adhesión a la Unión Europea, pero el conflicto congelado en Transnistria plantea dudas sobre su capacidad para completar el proceso.

Moldova intenta acelerar su proceso de integración a la Unión Europea, aprovechando el impulso que ha ganado la ampliación europea en los últimos meses. Sin embargo, la cuestión del territorio separatista de Transnistria sigue generando interrogantes sobre la capacidad del país para avanzar en esta ruta, dado que se mantiene uno de los conflictos congelados más antiguos del espacio postsoviético.
La publicación francesa Le Monde informó que a principios de junio la Unión Europea dio luz verde preliminar para iniciar las primeras rondas de negociación sobre la adhesión de Moldova y Ucrania, tras la retirada de las objeciones previas de Hungría.
Este avance fortalece las expectativas de Chisináu de alcanzar su objetivo de incorporarse al bloque comunitario para 2030, basándose en los progresos realizados en la implementación de las reformas políticas y económicas exigidas por Bruselas.
Según el mismo medio, el principal obstáculo en este camino es el destino de Transnistria, una región situada en la frontera con Ucrania que se encuentra fuera del control de las autoridades centrales moldavas desde el conflicto armado de 1992, apoyado por Rusia.
Aunque ningún país miembro de Naciones Unidas reconoce su independencia, Transnistria cuenta con aproximadamente 355.000 habitantes y alberga una fuerza militar rusa estimada en 1.500 soldados, además de grandes reservas de municiones.
El gobierno moldavo aplica una política que busca la reintegración gradual y pacífica de esta región, mediante el fortalecimiento de los vínculos económicos, sociales e institucionales con el resto del país.
El manejo de este asunto está a cargo de la Oficina de Políticas de Reintegración gubernamental, que coordina con las autoridades de facto en la ciudad de Tiráspol.
Le Monde señala que Bruselas procura evitar repetir el escenario de Chipre, que ingresó a la Unión Europea en 2004 a pesar de la división efectiva de la isla y la presencia de tropas turcas en el norte, un modelo que la UE no desea replicar con Moldova.
En los últimos años, las relaciones económicas entre Transnistria y el resto de la economía moldava se han fortalecido, especialmente porque la mayoría de los habitantes de la región poseen la ciudadanía moldava. Miles de personas cruzan diariamente a las zonas bajo control de Chisináu para trabajar, estudiar o recibir servicios de salud, y los residentes de Transnistria participan en las elecciones nacionales.
La guerra entre Rusia y Ucrania ha provocado un cambio significativo en la realidad económica de Transnistria. El cierre de la frontera con Ucrania redujo las actividades comerciales informales que constituían una parte importante de la economía local, aumentando así su dependencia de Moldova. Las exportaciones de Transnistria ahora están sujetas a controles aduaneros moldavos, mientras que la proporción de sus ventas dirigidas a los mercados de la Unión Europea ha crecido.
Además, la región sufrió un impacto económico adicional tras la suspensión en 2025 del suministro gratuito de gas ruso, debido a disputas entre Moscú y Chisináu y a la interrupción de las rutas de transporte a través de Ucrania.
Esta situación derivó en una crisis energética que llevó a las autoridades de Transnistria a buscar alternativas vinculadas al mercado europeo, en medio de persistentes presiones económicas.
El gobierno moldavo ha aprovechado estos cambios para reforzar su política de integración gradual, eliminando desde 2024 varias exenciones fiscales y aduaneras especiales para la región, con la intención de incorporarla a los sistemas económicos y fiscales moldavos y europeos.
Asimismo, está en marcha la creación de un fondo de convergencia destinado a financiar proyectos de infraestructura y servicios sociales dentro de Transnistria.
A pesar de estos avances, persisten numerosos obstáculos para alcanzar una solución definitiva, entre ellos la presencia militar rusa y la falta de consenso político con las autoridades de Tiráspol, además de que el futuro de la región está ligado a los desarrollos del conflicto en Ucrania.
Analistas consideran que el progreso de Moldova hacia la membresía europea podría incrementar los desafíos para Transnistria si permanece fuera de este proceso, especialmente ante la notable disminución de su población en las últimas décadas, lo que podría intensificar las presiones económicas y sociales que impulsan su reintegración con el Estado moldavo a largo plazo.



