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Desde el 7 de junio, el presidente camerunés Paul Biya, reelegido en 2025 y de 93 años, permanece fuera del país en una estancia privada en Ginebra, mientras emite decretos desde Suiza y crece la incertidumbre sobre quién ejerce efectivamente el poder ejecutivo.

Han transcurrido casi dos meses desde que Paul Biya, presidente de Camerún y figura política histórica de 93 años, abandonó el país el 7 de junio rumbo a Europa. Su ausencia prolongada —la más extensa de su mandato de 44 años— ha generado múltiples interrogantes sobre quién administra efectivamente las instituciones del Estado.
Biya, reelegido en 2025 tras un proceso electoral controvertido, se encuentra actualmente en Ginebra, Suiza, donde permanece bajo lo que se ha descrito oficialmente como una “estancia privada breve”. Esta es la primera vez, en cuatro décadas y media al frente del Ejecutivo, que pasa más de sesenta días fuera del territorio nacional en una visita de carácter personal.
La prensa burkinabé *Le Pays* señaló irónicamente que “Camerún es un país cuyos equilibrios se han invertido: efectivamente, es el Estado que tiene al presidente más anciano del mundo, quien pasa más tiempo en el extranjero que en su palacio”. Según un análisis del politólogo Aristide Mono, publicado por el *Journal du Cameroun*, Biya ostenta el récord absoluto entre jefes de Estado africanos en número de viajes particulares al exterior: en sus 44 años en el poder ha pasado cerca de 2.600 días fuera del país, lo que equivale a aproximadamente siete años, o entre el 15 % y el 16 % de su mandato total.
A pesar de su ausencia física, la Presidencia continúa difundiendo documentos oficiales con su firma. El 3 de agosto, una serie de decretos presidenciales emitidos desde Ginebra modificó la cúpula militar y designó a funcionarios en cargos clave. Estas decisiones han suscitado preguntas tanto sobre su significado simbólico como sobre la identidad de quienes ejercen el control operativo del país.
El líder de la oposición, representado por Mamadou Mota, vicepresidente del Movimiento para la Renovación Camerunesa, denunció un “vacío presidencial manifiesto”. En declaraciones públicas, afirmó: “El poder ejecutivo se ejerce en el corazón de la nación, no mediante comunicaciones desde los pasillos de hoteles al otro lado del mundo”.
El 2 de agosto, un día antes de la publicación de los nuevos decretos sobre el ejército, el ministro de Comunicación, René Emmanuel Sadi, declaró a Radio Francia Internacional que “el presidente Paul Biya está vivo” y que el Consejo Constitucional no había examinado ninguna posibilidad de reconocer un vacío de poder.
Este escenario no es inédito: en 2024, una ausencia prolongada de Biya también desató especulaciones generalizadas antes de su regreso a Yaundé. En aquella ocasión, el gobierno prohibió cualquier debate público sobre su estado de salud, sin lograr detener las versiones circulantes.
Las recientes modificaciones en la dirección de las fuerzas armadas no son aisladas dentro del régimen de Biya, especialmente en momentos de alta tensión social. Hace tres años, tras el golpe militar que puso fin a la dinastía Bongo en Gabón, Biya realizó inmediatamente un cambio en la cúpula militar camerunesa. Asimismo, durante su campaña para una octava reelección el año pasado, sustituyó a altos oficiales del ejército.
En junio pasado, promovió nuevamente a varios miembros de las Fuerzas de Defensa y Seguridad. Sin embargo, esta última reestructuración ministerial alimenta automáticamente rumores sobre la posibilidad de un golpe de Estado.
Tampoco se ha resuelto la cuestión de la sucesión en caso de fallecimiento del jefe de Estado. Durante su controvertida campaña electoral de 2025, Biya prometió formar un nuevo gobierno, pero no cumplió dicho compromiso. Además, anunció en abril la creación del cargo de vicepresidente; cuatro meses después, ese puesto sigue vacante, lo que agrava la inestabilidad política interna.
A pesar de sus ausencias repetidas y del estancamiento característico de su gobierno, ningún alto funcionario se ha atrevido a hablar públicamente sobre la transición. Las miradas están puestas en su hijo Frank, como posible sucesor.
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