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Rebelión contra el parlamento y el gobierno: Sulaimaniya amenaza con separarse de Erbil
La crisis política en el Kurdistán iraquí se agrava tras la retirada del Unión Patriótica del Gobierno y su amenaza de crear instituciones paralelas, poniendo en riesgo la unidad regional.

La región del Kurdistán iraquí ya no solo enfrenta una crisis por la formación de un gobierno estancado, sino que ahora se encuentra ante la posibilidad de la desintegración del poder que reunió a Erbil y Sulaimaniya bajo un mismo techo político, debido al agravamiento del conflicto entre los dos partidos principales: el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK).
El desacuerdo entre ambos partidos tomó un giro drástico después de que la UPK anunciara ayer jueves su retiro del Gobierno y su negativa a reconocer al nuevo Parlamento, amenazando con establecer instituciones paralelas en Sulaimaniya.
Según coinciden los observadores, esta escalada podría poner a prueba toda la experiencia de la región, después de años durante los cuales ambas partes mantuvieron un mínimo de entendimiento y coordinación, a pesar de las disputas sobre la distribución de cargos y las esferas de influencia.
El anuncio del líder de la UPK, Bafel Talabani, hijo del fallecido líder conocido Jalal Talabani, fue una respuesta a la sesión parlamentaria celebrada en Erbil el miércoles, durante la cual se eligió a Fala Farid, candidata del PDK, como presidenta del Parlamento, con la presencia de 52 diputados de un total de 100, mientras que los bloques de la UPK, el Movimiento Nueva Generación y otros partidos boicotearon la sesión.
Talabani consideró que la sesión no representa la voluntad del Parlamento, declarando el retiro de su partido del Gobierno actual, y advirtiendo que cualquier paso unilateral para nombrar un presidente de la región, un primer ministro o ministros será respondido con medidas similares por parte de la UPK.
Los expertos ven en esta amenaza un significado que trasciende la retórica; ya que abre la puerta a la reproducción del modelo de dualidad de poderes.
Raíces de la crisis
Las raíces de la crisis se remontan a las elecciones parlamentarias celebradas en octubre de 2024, tras cuatro aplazamientos debido a las disputas, y que resultaron en la victoria del PDK con 39 escaños, frente a los 23 de la UPK y los 15 del Movimiento Nueva Generación, de un total de 100 escaños.
Pero estos resultados no se tradujeron en un acuerdo para formar un nuevo gobierno. El PDK, liderado por Masoud Barzani, considera que su ventaja electoral le otorga una posición privilegiada en la gestión de la región, mientras que la UPK se aferra a la fórmula de reparto del poder que ha regido la relación entre ambos partidos durante décadas.
La crisis revela una divergencia más profunda en la concepción de ambos partidos sobre la naturaleza del gobierno. El PDK busca reforzar la centralización de la decisión en la región, especialmente alrededor del primer ministro Masrour Barzani, mientras que la UPK quiere garantizar una participación real proporcional a su peso político e influencia histórica en Sulaimaniya.
De este modo, la disputa por la presidencia del Parlamento, del Gobierno y de la región refleja un conflicto sobre las propias reglas de la asociación, y sobre si la región será gestionada mediante un equilibrio entre los dos partidos o según la ecuación de la mayoría electoral.
El legado de la división vuelve a la palestra
Esta división no es nueva, en ningún caso, en la vida política de la región kurda, sino que históricamente estuvo ligada a la lucha por la influencia entre las familias Barzani y Talabani, que se remonta a la década de 1970, cuando Talabani se escindió del partido de Barzani y fundó la UPK.
La competencia entre ambas partes se convirtió en enfrentamiento interno durante la década de 1990, alcanzando su punto álgido en la guerra civil kurda entre 1994 y 1998, antes de que Washington, y en particular la entonces secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright, interviniera para lograr una reconciliación, estabilizando la región de facto bajo dos administraciones separadas entre Erbil y Sulaimaniya.
Con el acuerdo de reparto del poder de 2006, ambas partes tendieron a integrar las dos administraciones dentro de un único gobierno, distribuyendo cargos y ministerios de manera que permitió a la región superar la etapa del enfrentamiento armado y fortalecer su estatus constitucional dentro de Irak.
Pero ese acuerdo no terminó completamente con la dualidad de influencias, lo que, según los expertos, facilita que la actual disputa política derive hacia un escenario más extremo.
Un análisis de "Chatham House" advierte que la región vive de hecho una división geográfica y política impuesta por las circunstancias.
Bagdad
El conflicto político se entrelaza con desacuerdos económicos; la gestión de los ingresos petroleros, la distribución de recursos financieros y la relación con Bagdad son todos temas controvertidos entre los dos partidos, evocados por Talabani en su reciente discurso.
Los expertos predicen que las repercusiones de la crisis no se detendrán en las fronteras de la región. La persistencia de la división debilita su posición negociadora ante Bagdad, tanto en los temas de petróleo, presupuesto y salarios, como en las cuestiones relativas a las competencias federales y las zonas en disputa, además de reducir su capacidad para presentarse como un actor político unificado en sus relaciones con Washington y Bruselas.
Militarización del conflicto
La gravedad del enfrentamiento actual no se limita a las instituciones civiles, sino que se extiende a uno de los temas más sensibles de la región: la unificación de la fuerza militar. Según estimaciones recogidas en informes internacionales, unos 100.000 miembros de los Peshmerga han permanecido distribuidos entre formaciones militares vinculadas al PDK y a la UPK, recibiendo órdenes a través de mandos partidistas separados.
En septiembre de 2026, el Ministerio de Asuntos de los Peshmerga anunció la finalización de la reorganización de las fuerzas dentro de una estructura de mando unificada; sin embargo, la escalada pone este logro a prueba práctica, ya que el éxito de la unificación formal no garantiza necesariamente su neutralidad frente al conflicto entre los partidos.
Más allá de la región
La crisis del Kurdistán no está aislada de las transformaciones en Irak, especialmente por su coincidencia con la retirada de Estados Unidos y el estancamiento de los esfuerzos de Bagdad para desarmar a las milicias vinculadas a Irán.
Washington vincula el futuro de sus relaciones de seguridad con Bagdad a la reducción de la influencia de estos grupos, mientras que Teherán busca mantener su red de influencia dentro de las instituciones iraquíes, dado que las milicias armadas representaron una de las herramientas más importantes de su presencia en el país.
En estas circunstancias, la unidad de la región del Kurdistán adquiere una importancia adicional, ya que constituye un socio de seguridad tradicional de Estados Unidos, dotado de instituciones y fuerzas Peshmerga propias, pero que se encuentra ante un entorno de seguridad más complejo tras la retirada estadounidense, especialmente porque el Ministerio de Asuntos de los Peshmerga advirtió sobre la salida de las tropas estadounidenses sin establecer un sistema alternativo de defensa aérea, señalando que la región ha sufrido más de mil ataques con misiles y drones procedentes de Irán.
Aquí surge una paradoja política y de seguridad: mientras Washington presiona a Bagdad para acabar con la tenencia de armas fuera de las instituciones estatales, el conflicto entre los partidos kurdos amenaza con socavar la unidad institucional.
Según los expertos, la continuidad de esta división debilitaría la capacidad de Erbil para proteger sus intereses y negociar con Bagdad, otorgando a Irán un mayor margen para influir en los equilibrios internos de Irak.
Modelo de dos administraciones
Según los análisis, existen tres escenarios previstos. El primero consiste en volver a la mesa de negociación y alcanzar una solución que reintegre a la UPK en la participación gubernamental.
El segundo camino implica la continuación de la formación de instituciones en Erbil sin la participación de la UPK, frente a la negativa de esta última a reconocerlas y el establecimiento de arreglos administrativos y políticos paralelos en Sulaimaniya, lo que podría profundizar la división existente y devolver a la región al modelo de dos administraciones.
El tercer escenario contempla la posibilidad de que persista el estancamiento, de modo que las instituciones sigan existiendo formalmente, mientras disminuye su capacidad para tomar decisiones unificadas, y el gobierno actual continúa desempeñando sus funciones en medio de una crisis de legitimidad política y una disputa por las competencias.
Los expertos señalan que la amenaza de la UPK de formar un poder paralelo no significa que la división administrativa sea un asunto cerrado, ya que ello requiere complejos arreglos políticos, financieros y de seguridad, además de sus repercusiones en la relación con Bagdad y la comunidad internacional. Asimismo, el retorno al enfrentamiento armado no es una consecuencia automática de la escalada, especialmente porque ambas partes conocen el costo de repetir la experiencia de la guerra civil.
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