Líbano
¿El monte Rihan tras Ali al-Taher, parte de Israel?
Tras la batalla por Ali al-Taher, el monte Rihan y la región de Tuffah se convierten en puntos clave para la estrategia regional. Su control trasciende el terreno local, afectando la vigilancia y los ejes circundantes.

La importancia de Ali al-Taher no termina con el fin de las batallas que lo rodean; las elevaciones del sur del Líbano no se leen como puntos aislados, sino como un nudo interconectado que controla la observación, el movimiento y la dispersión. Desde aquí surge la relevancia del monte Rihan y la región de Tuffah en cualquier análisis de la etapa próxima.
El monte Rihan no es un lugar común en la geografía del sur. Su altitud y ubicación dentro del sistema de elevaciones que se extienden entre la región de Tuffah y Chiyah le otorgan un valor estratégico, haciendo que el control sobre esta zona tenga un impacto que va más allá de sus límites propios, especialmente en cuanto a la vigilancia y el control de los ejes circundantes.
Para Israel, la importancia de estas elevaciones radica en su potencial para convertirse en un avance de seguridad hacia el norte de la frontera. Tras el Shqif y Ali al-Taher, cualquier avance adicional hacia la región de Tuffah y Rihan representa una transición de atacar objetivos específicos a intentar influir en una cadena completa de elevaciones.
Esto no significa que se haya tomado una decisión israelí para avanzar hacia Rihan, pero incluir esta zona en el cálculo revela el grado de cambio en la naturaleza de la ecuación. Las operaciones ya no están limitadas a la frontera, sino que comienzan a tocar la geografía interna del sur.
En este contexto, destaca la urgencia de acelerar las negociaciones libanesas-israelíes, paralelamente al establecimiento del alto el fuego y la concentración del armamento en manos del Estado. Todo retraso en el camino político deja espacio abierto para consolidar nuevas realidades sobre el terreno, que podrían convertirse posteriormente en fichas adicionales de negociación en manos de Israel.
Concentrar el armamento en manos del Estado no debe verse solo desde la perspectiva de exigencias externas, sino como parte de la restauración de la capacidad del Estado para decidir sobre la guerra y la paz, y evitar que el sur y sus elevaciones se conviertan en escenarios abiertos para decisiones militares múltiples.
Si el camino político permanece retrasado, cada nuevo punto estratégico podría convertirse en una ficha adicional en la mesa de negociación. Ali al-Taher es un ejemplo claro de la rapidez con la que la geografía pasa de ser un objetivo militar a convertirse en un elemento de la ecuación política.
Por tanto, proteger lo que queda de cartas de fuerza libanesa no consiste en posponer las negociaciones, sino en acelerar el proceso diplomático, consolidar la autoridad del Estado y evitar que el monte Rihan o cualquier otra elevación se convierta en una realidad impuesta al Líbano y luego utilizada para negociar con él.
Tras Ali al-Taher, el Rihan y la región de Tuffah se han convertido en parte del panorama que debe monitorearse con precisión. Cuanto antes el Líbano avance hacia una solución política clara, menor será la capacidad del campo para imponer nuevas fichas, y el poder decisivo quedará finalmente sobre la mesa del Estado, no sobre las cimas de las montañas.
Saad Shaheen
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