Líbano
El primer ministro Nawaf Salam instó a Irán a respetar el sur de Líbano y rechazó que el país sea utilizado como moneda de cambio en conflictos externos.

Durante la conferencia de lanzamiento del llamado humanitario urgente, el primer ministro Nawaf Salam pronunció un discurso en el que expresó su agradecimiento por el apoyo renovado a Líbano. Recordó que hace tres meses se reunieron en un momento delicado, al inicio de una guerra que no eligieron ni buscaron, y lamentó que el encuentro actual no sirva para cerrar ese capítulo sino para abrir uno nuevo.
Salam destacó que desde el inicio del conflicto impuesto, el Estado libanés activó la unidad de gestión de riesgos de desastres en el palacio del gobierno y, bajo la dirección de la ministra de Asuntos Sociales, Hanin Al-Sayyid, lanzó un plan nacional coordinado de respuesta.
Este plan ha beneficiado a cerca de un millón de desplazados forzados por la guerra, algunos de los cuales se refugiaron en centros de acogida estatales y otros permanecieron fuera de ellos, siendo asistidos por el Consejo del Sur, la Alta Comisión de Socorro y otras instituciones, incluyendo ayudas monetarias. Además, la iniciativa abarcó a más de cincuenta mil personas que permanecen firmes en sus pueblos y ciudades del sur a pesar de los bombardeos y riesgos, ya que la resistencia también requiere protección y recursos para la vida.
Dirigiéndose a los desplazados, reiteró que su retorno seguro y digno es una prioridad y responsabilidad del gobierno, pues su tragedia es también la del Estado. Asimismo, saludó a quienes resisten en el sur y afirmó que el Estado seguirá siendo su refugio y que su soberanía es un compromiso diario con sus ciudadanos.
En el ámbito diplomático, señaló que se han realizado esfuerzos junto a países vecinos y aliados internacionales para detener la guerra, proteger a Líbano y preservar su soberanía, optando por la negociación como la vía menos costosa y más rápida para lograr la retirada israelí y el regreso de las personas a sus hogares.
Gracias a estas gestiones, junto con el apoyo árabe y la comprensión estadounidense, se alcanzó un acuerdo para el cese del fuego en Líbano. Sin embargo, lamentó que ayer el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní fuera el primero en rechazarlo, antes que cualquier otra parte, lo que confirma que esta guerra no es de Líbano ni se libra por sus intereses, sino en su territorio y a costa de su población.
El primer ministro advirtió que el sur y sus habitantes vuelven a pagar por una decisión que no tomaron y por un conflicto que no les pertenece. Se dirigió a Irán para pedirle que muestre misericordia hacia el sur y deje de tratarlo como una simple ficha para mejorar sus condiciones en negociaciones, enfatizando que Líbano no es un elemento en la mesa de nadie y que el sur no es una reserva estratégica para ningún actor.
Salam afirmó que la negativa al cese del fuego implica la continuidad de la guerra y, por ende, el agravamiento de la crisis humanitaria. Por ello, rechazó limitarse a describir la tragedia, contar víctimas o esperar que las armas se silencien por sí solas.
En su mensaje, hizo dos llamados: primero, a todos los libaneses, para que prevalezca la razón y se priorice el interés nacional por encima de cualquier otro, rechazando que Líbano sea escenario de conflictos ajenos y que el sur pague por decisiones que no controla. Reafirmó que ninguna guerra debe librarse en nombre de Líbano sin su consentimiento y que ninguna decisión sobre guerra o paz debe quedar fuera del Estado.
En segundo lugar, pidió a los embajadores y representantes de organizaciones internacionales que presionen a Israel para detener sus ataques contra civiles y la destrucción de localidades en Jabal Amel, desde Tiro hasta Bint Jbeil y Nabatiyeh. Criticó la política de castigo colectivo que condenan las leyes internacionales y las conciencias globales, y que sufren diariamente los habitantes del sur, advirtiendo que esta política genera más dolor, ira y destrucción, afectando las posibilidades de estabilidad.
Dejó claro que la población del sur no es parte del conflicto entre Irán y Estados Unidos, sino que son habitantes de esta tierra con derecho a vivir en seguridad y dignidad como cualquier pueblo.
Recordó que lo que se destruye no es solo propiedad libanesa, sino un patrimonio de la humanidad, mencionando que lugares como Tiro están inscritos en la lista del patrimonio mundial y que el castillo de Shaqif es testigo de una historia que trasciende el sur del país.
Con la guerra aún vigente, la crisis humanitaria se intensifica, pues muchos desplazados no podrán regresar pronto a sus ciudades y pueblos totalmente destruidos, y a mayor destrucción, más difícil será el retorno.
Salam indicó que las negociaciones continúan, pero que no bastan mientras las hostilidades persistan. Por ello, solicitó no solo una postura política, sino una acción integral para presionar el cese del fuego, proteger a civiles, hogares y medios de vida, y apoyar la capacidad del Estado libanés para atender las necesidades humanitarias generadas por una guerra que no es propia.
Finalmente, hizo un llamado explícito a respaldar al pueblo libanés y apoyar el segundo llamado humanitario, señalando que la brecha entre necesidades y recursos se ha ampliado y que quienes permanecen en centros de acogida y en las comunidades resistentes no pueden esperar más.
Reconoció el apoyo recibido en el primer llamado y valoró ese gesto, aunque advirtió que la magnitud de la tragedia actual es mayor, el costo de la respuesta más alto y las necesidades ya no son solo urgentes, sino que requieren soluciones sostenibles.
Concluyó expresando que el apoyo recibido es indispensable y que confía en que continuarán siendo socios en la preservación de la esperanza para su pueblo, no solo testigos de su sufrimiento.



