Salud
El profesor Igor Aznavourian, especialista en oftalmología, señaló que el deterioro visual en niños se vincula con la adaptación ocular al estrés por trabajo cercano y que el diagnóstico de miopía suele darse entre los 7 y 9 años.

El profesor Igor Aznavourian, especialista en oftalmología, explicó que los estudiantes pueden experimentar una disminución progresiva de la agudeza visual mientras sus ojos se adaptan a nuevas condiciones ambientales y al esfuerzo visual constante derivado de observar objetos próximos.
Aznavourian detalló que, al fijar la mirada durante horas seguidas en cuadernos, libros o dispositivos móviles, el ojo infantil comienza a alargarse para optimizar la energía requerida en tareas que exigen un enfoque visual preciso. Este fenómeno recibe el nombre de “miopía escolar”. La adaptación no es inmediata: requiere varios años para consolidarse. Por eso, los alumnos de primer grado —cuya carga académica aún no ha alcanzado su punto máximo— presentan un deterioro visual menos acusado. Los primeros signos clínicos emergen cuando el tiempo dedicado al trabajo cercano supera un umbral crítico.
Según el especialista, el diagnóstico de miopía se realiza habitualmente en niños de entre 7 y 9 años. En ese período, los globos oculares ya han completado gran parte de su ajuste al estrés visual acumulado, y el efecto combinado se vuelve evidente durante las exploraciones oftalmológicas. Al llegar al octavo grado, más de la mitad de los estudiantes presenta algún grado de miopía.
El profesor subrayó que los padres suelen acudir a consulta médica cuando la miopía del menor ya es avanzada, tras haber interpretado previamente los síntomas como fatiga normal. Entre las señales que deben alertar figuran: fijación intensa al leer letreros o números de autobuses, inclinación excesiva del cuerpo al leer un libro, dolores de cabeza vespertinos y sensación subjetiva de cuerpo extraño o arenilla en los ojos.



