Salud
El cardiólogo Nishant Tiwari advierte que el infarto puede manifestarse con síntomas atípicos como ardor torácico, disnea súbita o dolor irradiado, y subraya la urgencia de acudir a emergencias ante cualquier señal inusual.

El infarto agudo de miocardio no siempre se presenta con la escena dramática habitual en las películas: una persona que de repente se lleva las manos al pecho y cae al suelo. En muchos casos, los síntomas son sutiles y fácilmente confundibles con trastornos leves, como acidez estomacal, fatiga inusitada o dificultad para respirar tras un esfuerzo mínimo. Esta ambigüedad puede llevar a retrasar la atención médica crítica.
Según el doctor Nishant Tiwari, director del Departamento de Cardiología Intervencionista del hospital Medanta en Noida, India, el cuerpo emite señales de advertencia antes de que el infarto alcance una fase crítica. La peligrosidad radica en interpretar esas señales como molestias menores sin relevancia clínica. El infarto ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una zona del músculo cardíaco disminuye bruscamente o se interrumpe por completo; cuanto más tiempo dure la obstrucción, mayor será el riesgo de daño irreversible en el tejido cardíaco.
Aunque la incomodidad torácica es el síntoma más conocido, no necesariamente se manifiesta como un dolor agudo. Puede experimentarse como presión, opresión, pesadez, plenitud o sensación de apretamiento en el centro del tórax o que atraviesa el pecho. Este malestar puede persistir varios minutos, remitir brevemente y luego reaparecer con mayor intensidad. El médico advierte contra la práctica común de esperar a que el dolor se agrave antes de buscar ayuda: incluso una molestia leve e inusual en el tórax debe tomarse en serio, especialmente si coexiste con otros signos de alarma.
Los síntomas no se limitan al área torácica. La sensación de incomodidad puede extenderse a uno o ambos brazos, hombros, espalda, cuello, mandíbula o parte superior del abdomen. Una persona podría atribuir erróneamente el dolor mandibular o la molestia entre las escápulas a un problema muscular, pero si aparece junto con disnea, sudoración, náuseas o dolor torácico, requiere evaluación inmediata y no debe asumirse como simple dispepsia o sobrecarga muscular.
La disnea inesperada o inusual constituye una señal clave de posible alteración cardíaca, incluso en ausencia de dolor torácico. El paciente puede percibir incapacidad para inhalar profundamente, presentar disnea severa tras una actividad mínima o experimentar dificultad respiratoria incluso en reposo. Tiwari enfatiza que este síntoma puede aparecer con o sin molestia torácica, por lo que su aparición súbita e inusual exige atención prioritaria.
Otro factor que retrasa el diagnóstico es la confusión frecuente entre el infarto y la acidez o la dispepsia. Aunque estos trastornos digestivos son comunes y, en la mayoría de los casos, no están vinculados al corazón, ciertas manifestaciones infartuales pueden imitarlos. Por ello, cualquier sensación nueva o inexplicable de ardor, pesadez o molestia en el tórax no debe descartarse automáticamente como acidez, sobre todo si se acompaña de sudoración, disnea, náuseas, mareo o irradia a otras zonas del cuerpo.
Tiwari destaca que mujeres, adultos mayores y personas con diabetes tienen mayor probabilidad de presentar síntomas no típicos. Si bien el dolor o la molestia torácica siguen siendo frecuentes en todos los grupos, las mujeres reportan con más frecuencia náuseas, vómitos, fatiga extrema o presión en la región lumbar baja, en lugar del dolor torácico clásico.
Ante la aparición simultánea de varios de estos síntomas, la recomendación principal es no esperar a ver si desaparecen espontáneamente. El doctor Tiwari insiste en tratar toda sospecha de infarto como una emergencia médica absoluta: debe contactarse inmediatamente a los servicios de emergencia. No se recomienda conducir personalmente hacia un hospital si está disponible el transporte sanitario especializado.
La ambulancia ofrece ventajas decisivas: el personal médico puede realizar evaluaciones iniciales, aplicar intervenciones estabilizadoras y notificar con anticipación al centro hospitalario, permitiendo que el equipo de cateterismo cardíaco se prepare antes de la llegada del paciente. Mientras se espera la asistencia, el afectado debe cesar cualquier actividad física y adoptar una postura sentada cómoda y soportada para reducir la carga sobre el corazón.
El médico explica que el ácido acetilsalicílico puede ser beneficioso en caso de sospecha infartual, ya que inhibe la formación de coágulos. Sin embargo, no es adecuado para todos: quienes presentan alergia al fármaco o factores de riesgo hemorrágico deben abstenerse de su consumo. Las guías actuales autorizan que un adulto consciente, con dolor torácico no traumático, ingiera una dosis estándar de ácido acetilsalicílico tras haber activado los servicios de emergencia, siempre que no exista contraindicación conocida ni alergia. En caso de duda, lo más seguro es esperar las indicaciones del personal especializado.
Si la persona deja de responder y cesa la respiración normal, quienes se encuentren cerca deben iniciar inmediatamente la reanimación cardiopulmonar (RCP) y utilizar un desfibrilador externo automático (DEA), si está disponible.
Tiwari recalca que el infarto no siempre sigue el patrón cinematográfico. Actuar con rapidez ante cualquier señal sospechosa es significativamente más seguro que demorar la atención hasta que los síntomas se agraven. Por tanto, una molestia inusual en el tórax, disnea súbita, dolor que irradia al brazo, mandíbula o espalda —especialmente si coincide con sudoración, náuseas o mareo— exige una evaluación médica urgente, y no debe asumirse como acidez pasajera o fatiga transitoria.



