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La empresa Reyes anunció el cierre permanente de su centro de distribución en Ventura, California, que operó durante más de 100 años.

Un centro de distribución de Coca-Cola en Ventura, California, cerrará sus puertas de forma definitiva este verano, poniendo fin a una relación de más de un siglo entre la ciudad y la icónica marca de refrescos. La empresa Reyes, encargada de la operación, notificó la decisión el pasado 8 de mayo, según informó Fox Business.
El aviso se realizó bajo la Ley WARN estadounidense, que exige a las compañías informar a sus empleados con al menos 60 días de antelación sobre despidos masivos o cierres de instalaciones. La compañía confirmó que el centro de Ventura cesará sus operaciones el 10 de julio, enmarcando la medida dentro de una revisión operativa para "impulsar el crecimiento sostenible y fomentar la innovación".
El cierre afectará directamente a 85 empleados, entre conductores, técnicos, representantes de ventas y personal de distribución. Sin embargo, la empresa aseguró que la gran mayoría no perderá su empleo por completo: 78 trabajadores serán reubicados en otras instalaciones de la compañía en California. Los afectados también podrán postular a puestos vacantes dentro de Reyes o en empresas afiliadas al grupo.
Un portavoz de la compañía declaró que "la administración evalúa constantemente sus ubicaciones, productos y servicios para garantizar la eficiencia operativa y el crecimiento". Añadió que las operaciones actuales en Ventura se trasladarán a otras instalaciones de la empresa en el sur de California.
La relación entre Ventura y Coca-Cola se remonta a más de 100 años, según reportes locales. Durante décadas, las instalaciones de la empresa formaron parte del paisaje económico local, generando empleos y atrayendo actividades comerciales relacionadas con la logística y la distribución. En los últimos años, el sitio funcionaba como centro de distribución, tras haber evolucionado su función original.
Este cierre no es un hecho aislado. El año pasado, la empresa ya había clausurado una planta en American Canyon, California, con el despido de 135 empleados. También cesó operaciones en su fábrica de Salinas después de más de 70 años de actividad.
Analistas consideran que estos movimientos reflejan una tendencia creciente entre las grandes corporaciones a consolidar operaciones y reducir el número de instalaciones, con el objetivo de recortar costos y mejorar la eficiencia logística en un contexto de aumento de los gastos operativos, de transporte y de energía.
Aunque la empresa describe estas decisiones como parte de una "estrategia de crecimiento sostenible", la repetición de cierres plantea interrogantes sobre el futuro del sector de embotellado y distribución tradicional en Estados Unidos. Esto ocurre en un momento en que las empresas estadounidenses enfrentan presiones por los costos laborales, la inflación y las cadenas de suministro, lo que las lleva a replantear su presencia geográfica y sus modelos de negocio.



