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Cultura y sociedad

Por qué las disculpas de los padres no bastan para sus hijos adultos

Un psicólogo explica por qué las disculpas repetidas, defensivas o mal sincronizadas empeoran la relación con los hijos adultos, y cómo formular una disculpa genuina que no exija nada a cambio.

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Por qué las disculpas de los padres no bastan para sus hijos adultos
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Un patrón recurrente llega cada semana a la consulta del doctor Jeffrey Bernstein: padres que han pedido perdón a sus hijos adultos —en ocasiones en múltiples ocasiones— y, sin embargo, observan que la distancia emocional no disminuye, sino que se agrava. Estos padres reconocen haber sido demasiado estrictos, excesivamente controladores o, por el contrario, demasiado permisivos. Algunos admiten haber pasado por alto señales tempranas de ansiedad, depresión, TDAH o dificultades de aprendizaje. Otros asocian el deterioro de la relación con las secuelas de un divorcio. Aun así, sus disculpas no generan acercamiento.

El caso de Leah y su hijo Dan

Leah, madre de Dan, de 27 años, le pidió perdón tres veces en un año por su rigidez durante la infancia y adolescencia de su hijo. Cada vez que lo hizo —con frases como “Lo siento si te sentiste así”—, Dan se volvió más reservado y distante. Tras la tercera disculpa, dejó de responder a sus mensajes y llamadas durante varias semanas. Lo que empeoró la situación fue su reacción posterior: entró en una fase de constante seguimiento, enviando mensajes repetidos con la misma pregunta: “¿Estás bien?”.

Dan, al final responder, le dijo que esas disculpas le parecían artificiales. Le explicó que la frase “Lo siento si te sentiste así” no tenía valor para él, porque no reconocía su experiencia ni asumía responsabilidad real. Para Dan, aquellas palabras sonaban como una representación que exigía su atención, no como un acto de reparación sincera. Este desajuste entre intención y recepción es central en el libro de Bernstein *¡Tú arruinaste mi vida — ¡ahora me debes algo!*, donde analiza cómo ciertas disculpas fallidas refuerzan, en lugar de sanar, las heridas familiares.

Cuándo una disculpa deja de serlo

La primera falla común es que la disculpa, en lugar de centrarse en el daño causado, se convierte en una petición encubierta. El mensaje implícito es: “Perdóname para que yo deje de sentirme culpable”. Desde la perspectiva del hijo adulto, esto traslada la carga emocional de vuelta sobre él: ahora debe gestionar no solo su propio dolor, sino también el malestar del padre.

La segunda falla radica en la sobreexplicación. Frases como “Lo siento por ser tan estricto, pero tenía miedo por ti” o “Lo siento por el divorcio, pero tu padre y yo lo intentamos todo” anulan inmediatamente el reconocimiento de responsabilidad. En el instante en que aparece la conjunción “pero”, la disculpa pierde su fuerza. El hijo adulto deja de escuchar arrepentimiento y comienza a percibir una defensa personal. La disculpa ya no es sobre él; es sobre el padre.

El error del momento equivocado

La tercera falla es cronológica: la disculpa se emite cuando el padre siente culpa intensa —tras una conversación difícil, una noche sin dormir o un recuerdo persistente—, no cuando el hijo adulto está abierto a recibirla. Impuesta sin invitación, se transforma en una nueva demanda emocional. Requiere una respuesta que el hijo tal vez no esté dispuesto ni preparado para dar.

Una disculpa efectiva es breve, libre de justificaciones y no solicita nada a cambio. Un ejemplo válido sería: “He reflexionado sobre cuán estricto fui cuando crecías. Me equivoqué, y entiendo que eso aún pueda afectarte”. Luego, se detiene. No se llena el silencio con preguntas, aclaraciones ni expectativas. No se pide retroalimentación. No se insiste en una reacción.

No existe una cantidad suficiente de explicaciones ni de disculpas que borre el pasado. Lo único que puede construirse es una conducta coherente, sostenida en el tiempo y libre de anuncios: demostrar, sin proclamarlo, que ha habido un cambio real. Y dejar que el hijo adulto decida, según su propio ritmo, si y cuándo confiar en esa transformación.

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