Salud
Una investigación comparó insulina humana tradicional con glargina en jóvenes con diabetes tipo 1 en Bangladesh y Tanzania.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh analizó la eficacia del insulina humana tradicional frente a la insulina de acción prolongada glargina en pacientes jóvenes con diabetes tipo 1 en Bangladesh y Tanzania.
La investigación incluyó a 400 niños y jóvenes entre 7 y 25 años con diabetes tipo 1, con el objetivo de comparar ambos tratamientos en entornos con recursos limitados.
Los resultados mostraron que a los seis meses de tratamiento no existían diferencias significativas entre los grupos en cuanto al tiempo que los pacientes permanecían dentro del rango objetivo de glucosa en sangre ni en el tiempo en hipoglucemia severa.
Sin embargo, tras doce meses, los pacientes tratados con glargina experimentaron una reducción en la duración de los episodios de hipoglucemia severa y en la frecuencia de hipoglucemias nocturnas en comparación con quienes recibieron insulina tradicional.
No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en niveles de hemoglobina glucosilada (HbA1c), episodios de cetoacidosis diabética ni en hipoglucemias graves o sintomáticas.
El uso de glargina también se asoció con una reducción en la dosis total diaria de insulina y en el número de inyecciones diarias, aspectos que podrían aliviar la carga para los pacientes y sus familias, así como disminuir la presión sobre los sistemas de salud.
La doctora Jing Luo, profesora asociada de medicina en la Universidad de Pittsburgh y autora principal del estudio, señaló que la cuestión no es solo si las insulinas modernas son mejores que las tradicionales, sino si los beneficios justifican su mayor costo al tomar decisiones sobre compras de medicamentos y guías terapéuticas en países con recursos limitados.
Estos hallazgos adquieren relevancia ante la persistente desigualdad mundial en el acceso a tratamientos para la diabetes tipo 1. Según los investigadores, aproximadamente 9.5 millones de personas viven con esta enfermedad en el mundo, de las cuales cerca de 3.2 millones dependen únicamente de insulina humana tradicional, la mayoría en países de ingresos bajos y medios.
En estos lugares, el alto precio y la disponibilidad limitada de insulinas modernas continúan siendo obstáculos para su uso extendido.
Aunque la Organización Mundial de la Salud incluyó las insulinas de acción prolongada como la glargina en su lista modelo de medicamentos esenciales en 2021, los autores del estudio consideran necesaria la realización de investigaciones adicionales para comprender mejor los efectos a largo plazo del cambio desde insulina humana tradicional a insulinas análogas en entornos con recursos limitados.
El estudio fue publicado en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology.
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